REFORMA LABORAL: LOS REALES DESAFÍOS EN EL MERCADO DEL TRABAJO

Todo indica que nos veremos enfrentados antes de fin de año a un proyecto de reforma laboral, que en lo central apuntaría a fortalecer al sindicato por sobre otras modalidades de negociación colectiva. Sin embargo, hay que precaver que ello puede significar retrocesos en términos de productividad y equidad. Como punto de partida, un mercado laboral más rígido y con poder sindical monopólico o menos competitivo, perjudica a los desempleados, trabajadores por cuenta propia y asalariados sin contrato (la literatura los denomina outsiders). Esto, porque ven disminuidas sus posibilidades de acceder al mercado laboral formal, que les permitiría mayor seguridad laboral y protección social.

En el país hay actualmente 560 mil desocupados, 1,58 millones de trabajadores por cuenta propia y 676 mil trabajadores asalariados que no tienen contrato, por lo que probablemente no cuentan con protección laboral. Estamos hablando de un total de más de 2,8 millones de trabajadores que se verían claramente perjudicados por la reforma laboral, un 34% de la fuerza de trabajo. Pero no sólo es un grupo muy significativo en número, sino también es el más vulnerable desde el punto de vista social. De más está ratificar que este efecto en la etapa activa laboral, se replicará luego en las pensiones.

Por otro lado, una reforma laboral como la que se ha planteado tiende a favorecer (no así en el largo plazo) a ocupados menos vulnerables que trabajan en grandes empresas, en desmedro de otros trabajadores a quienes se les restan oportunidades de empleo formal. Sin considerar a los empleados del sector público y de la defensa, son aproximadamente 2 millones los trabajadores que forman parte de empresas de más de 200 empleados, mientras que hay alrededor de 3 millones que están en empresas de menos de 11 empleados, los cuales tampoco están en el foco de las propuestas de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Tenemos entonces que efectivamente el número de trabajadores perjudicados supera a los que podrían verse beneficiados, por lo que difícilmente sería una reforma que avance en términos de equidad, y tampoco parece estar acorde con las reales necesidades de los trabajadores. En simple, las propuestas laborales en discusión, sin duda, tienen más costos que beneficios.

LOS REALES DESAFIOS LABORALES DE CHILE

La oposición a las reformas laborales planteadas, en ningún caso apunta a un inmovilismo en este campo. Chile tiene en materia laboral importantes desafíos pendientes. Como señalamos, tenemos aún grados de informalidad elevados, escasa participación de grupos vulnerables y rigideces importantes, que se desprenden de la comparación de Chile con los países más desarrollados. Resolver estos nudos es lo que realmente permitiría avanzar en equidad y eficiencia a la vez.

Es sabido que nuestro país cuenta con indicadores de competitividad y libertad económica bastante favorables en términos relativos, sin embargo, no ocurre lo mismo cuando se compara el campo laboral, en el que tenemos un rezago importante. Es así como en el Índice de Libertad Económica de Heritage Foundation, nuestro país está en el número 7 a nivel mundial y primero en la región, pero en el número 67 en términos de libertad laboral, quedando un enorme espacio para avanzar en este campo. Incluso, dentro de la América Latina hay nueve países que se ubican  en este índice en mejor puesto que el nuestro en esta materia.

Algo similar ocurre si miramos el Índice de Competitividad del World Economic Forum (WEF), en que Chile aparece relativamente bien considerado en el lugar 33 entre 144 países. Sin embargo, en materia laboral estamos en el lugar 50, lo que deja este aspecto dentro de los peor evaluados en la competitividad del país.

Como vimos en Temas Públicos N° 1.183, la propia OCDE señala que los principales desafíos del país en materia laboral tienen que ver con empleo femenino y juvenil. Las tasas de participación de jóvenes y mujeres son bajas en comparación con la OCDE, producto de barreras culturales y regulatorias.

En definitiva, lo que parece prioritario en materia laboral es avanzar en flexibilidad, de tal manera de incrementar la demanda por trabajo, en vez de incentivar su sustitución, y al mismo tiempo permitir que grupos que hoy están excluidos del mercado producto de barreras regulatorias, puedan efectivamente ingresar al mercado laboral.

Los siguientes gráficos comparan las tasas de participación laboral femenina y juvenil entre Chile y el promedio de la OCDE.

Es interesante ver que a pesar de que existe una brecha de participación laboral femenina de siete puntos respecto a la OCDE, ésta se redujo significativamente en el período 2010-2013, de alto crecimiento económico, quedando pendiente evaluar el impacto de políticas enfocadas al tema del cuidado de niños. Este avance en participación laboral femenina se moderó en 2013, coincidiendo con el menor ritmo de crecimiento. Llegar a la tasa de ocupación laboral femenina de la OECD significaría un total de alrededor de 500 mil mujeres más trabajando, lo que permitiría una clara mejoría de ingreso de su grupo familiar, además podría generar un aumento del PIB per cápita.

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