A continuación reproducimos el contrapunto de Francisco Klapp, Investigador del Programa Económico, publicado en Pulso:
Cuando se habla de eliminar el FUT, que no es más que un registro del impuesto corporativo que las utilidades tributables no retiradas han pagado, lo que realmente se busca es llevar la tributación de los socios de empresas de la actual base percibida a base devengada. Es decir, se pretende que los inversionistas paguen inmediatamente sus impuestos personales -con las tasas del global complementario que van de 0% a 40%- por la totalidad de las utilidades que la empresa genera, independiente de si estas se retiren o no. El problema es que no sólo llevaría a que las personas deban tributar por dineros que no han recibido realmente, generando problemas de liquidez y a fomentar los retiros para consumo, sino que además perjudica la inversión y el crecimiento. La literatura distingue al menos dos canales a través de los cuales se producen esta distorsión: aumento del costo de capital y disponibilidad de fondos internos.
Para intentar compensar esto, de manera imperfecta, se crearía el mecanismo de “depreciación instantánea” (DI) que permite rebajar de la base imponible de la empresa y, por lo tanto, no tributar por ciertos activos fijos en los que la empresa invierte. El problema es que no toda la utilidad que se retiene en la empresa pasa a financiar capital fijo, también está el capital de trabajo, el pago de deudas y los inventarios que las empresas (especialmente aquellas que están creciendo) deben financiar y que quedarían fuera de esta medida. Así, la DI discrimina respecto de diferentes reinversiones que realiza una empresa y tiende a favorecer a las empresas intensivas en capital físico (comúnmente grandes).