12 de enero de 2018

Entrevista a Carlos F. Cáceres en La Segunda: “Si uno asume las banderas de la izquierda como propias, al final siempre pierde”

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Hace 10 meses, Carlos F. Cáceres  instaló un debate cuando en plena campaña preguntó “¿qué es la nueva derecha?” y se respondió “la derecha es una sola”, pese a que en ese tiempo corrían paralelamente las propuestas diferentes de Sebastián Piñera, Felipe Kast y Manuel José Ossandón para primarias, y José Antonio Kast por fuera. El presidente del consejo asesor de Libertad y Desarrollo levantó polvareda, sobre todo en aquellos nuevos pensadores que incluso le han puesto nombres a las derechas: laicos socialcristianos, liberales cristianos, nacional populares, etc. Aunque él insiste. Cree que hay una sola derecha, cuyo tronco es, en los términos de Hayek, la partidaria de la sociedad abierta y que, en sus palabras, está basada en dos conceptos fundamentales: “uno, la dignidad de la persona humana, y dos, el ejercicio del principio de la subsidiariedad”. Aunque a este último le agrega además un concepto novedoso, pues en décadas pasadas no fue levantado por la derecha chilena: la solidaridad o, como lo define, “la preocupación por los sectores más vulnerables de la sociedad”.

De esta manera, Cáceres establece un marco teórico mínimo que pueda dar sostén al nuevo gobierno que encabezará Sebastián Piñera a contar del 11 de marzo. Y para el cual dice sentirse optimista, “muy optimista”. Es que a diferencia del oficialismo actual, explica, “nuestro sector ofrece unidad de sus partidos, pues el pensamiento de la sociedad abierta encontró un punto de convergencia, que se manifestó en un esfuerzo muy notable en el ámbito electoral, lo que genera un entusiasmo que va a inspirar la acción en los primeros meses de gobierno”.

—En estos días, Piñera está dedicado a conformar su gabinete ¿Qué señal política debiera dar?

—Es básico que el equipo ministerial que asuma tenga como una característica importantísima esta unidad generada en los sectores que votaron por él. Además, que estas personas que asuman como ministros se proyecten en un espacio de tiempo mucho más allá de los cuatro años que dure el gobierno. Pues este proyecto no es sólo un gobierno de cuatro años, sino que tiene un horizonte de ocho años.

—En su primer gabinete se criticó cierto desbalance hacia lo técnico por sobre lo político. Es difícil encontrar gente balanceada en estos aspectos.

—Depende mucho de la cartera. En Vivienda u Obras Públicas, le pondré un poco más de énfasis en lo técnico. En Interior, Presidencia o Gobierno, sin duda el talento político pasa a ser extremadamente importante y, dentro de ese talento político, la capacidad de articulación, que es muy importante pues el gobierno de Piñera no partirá con mayoría parlamentaria.

—¿Las amistades, los cercanos? ¿Podría generar ruido por ejemplo su primo Andrés Chadwick?

—Ni la amistad ni el parentesco ni la variedad de género pueden ser categorías en el proceso de selección. Hago especial mención en el talento, la capacidad política y de gestión, ese debe ser el criterio. Si Andrés Chadwick llega a un cargo, no será por ser primo del Presidente, sino porque ha demostrado en todas las esferas —dirigente UDI, senador, ministro— un talento, una capacidad política y técnica.

—Se ve casi natural que Chadwick asuma ese rol articulador.

—Da la impresión. Lo ha demostrado. Y es importante la confianza que tenga el Presidente Piñera en las personas que nomine, pues debe abrirles espacio y generarles autonomía, una autonomía radicada en la confianza que él pueda tener en las personas que vaya a designar.

—¿Chadwick tendría la autonomía para decirle a Piñera cuando las cosas no funcionan bien?

—Tiene que generarse ese ambiente de contrapeso.

—El filósofo Daniel Mansuy dice que quizás este gabinete es el más importante desde 1990, y que entre otros temas, responderá a quiénes se buscan perfilar como delfines. ¿Hay que leer en esos códigos el gabinete?

—Cuando uno tiene la intención de proyectarse en el tiempo, es perfectamente legítimo. Pero tendría especial cuidado de que quienes se sientan con esta posibilidad de ser sucesores, no comiencen a alimentarlo en el ejercicio ministerial. ¿Dónde buscar acuerdos?

—Usted en otras entrevistas ha destacado que figuras como Aylwin apuntaban a la amistad cívica, un concepto que utilizó Piñera en su campaña. ¿En qué debiera plantearse esta búsqueda de acuerdos en el próximo gobierno?

—Hay temas concretos. El tema tributario es uno: Hay que volver al sistema integrado. Ahí hay espacio para conversar.

—Hace 8 meses dijo que se debían bajar los impuestos a las empresas. Piñera dijo que sí inicialmente, pero luego lo condicionó al crecimiento económico. ¿Le satisface esa fórmula?

—Parto de la base de que me gustan los impuestos bajos. Pero evidentemente cuando uno toma una decisión de este tipo, debe considerar cuál es el escenario en el cual se mueve. Y el que le deja la Presidenta Bachelet al Presidente Piñera es de un aparato fiscal extremadamente crecido y con muy pocas posibilidades de reducción de gasto que permitan bajar impuestos. Piñera tiene la idea de bajarlos en la medida que la economía crezca. Yo ahí tengo mis dudas, porque si hay un elemento que juega en forma favorable al proceso de crecimiento, es la rebaja de impuestos: las empresas cuentan con más recursos para invertir, el principal componente del crecimiento económico.

—Es jugar al riesgo. Con el 24% de deuda fiscal como porcentaje del PIB, las agencias nos bajaron la nota.

—Cuando los eventuales acreedores externos ven a una economía dentro de un régimen de estabilidad institucional y que toma las medidas adecuadas para lograr efectivamente un crecimiento sostenido en el tiempo, encontraremos los recursos para financiar ese mayor gasto.

 —¿Que otras áreas pueden ser atractivas como una agenda para encontrar acuerdos al otro lado?

—La educación. Hay una serie de materias que de alguna manera convocan a acercarse a la mesa, con una perspectiva distinta a la estatista que tuvo la Presidenta Bachelet. Estamos todos de acuerdo en que la educación es un bien público, pero no significa que debe ser entregado sólo por el Estado. Se pueden reabrir espacios para que la iniciativa privada colabore con su eficiencia en los procesos educacionales. Lo laboral es otro tema: Cuando genero leyes que ratifican una inflexibilidad en el empleo, estoy perdiendo competitividad. Si asumimos todos esta especie de misión de que la economía debe expandirse para así generar recursos para satisfacer las demandas sociales, hay un mensaje ahí que puede estimular, no digo que a los sectores más radicales de la izquierda, sino que a la gente que tiene un pensamiento social demócrata.

 —¿Pero la idea es un gran acuerdo o hacerlo selectivamente?

—Caso a caso. Esto requiere mucha paciencia, una disposición de ánimo muy importante.

—Usted nombró acuerdos para mejoras lo tributario, educacional y laboral. ¿No sería importante también un acuerdo por un mejor Estado?

—Hay dos temas que son fundamentales, como para darles un sentido de misión y toda la fuerza que requieren. Uno es la delincuencia. Y otro, la modernización del Estado. Y no me refiero solamente a mejorar la gestión, sino a mejorar notablemente la inversión del sector público, y destinarla a la infraestructura caminera, la portuaria y educacional.

Gratuidad corrió el cerco

—A propósito de lo educacional. ¿La gratuidad en educación superior es un triunfo de la Presidenta Bachelet? ¿Corrió el cerco hacia su lado?

– Sí, hay que reconocerlo, realmente corrió el cerco. Yo no estoy de acuerdo con la gratuidad total, es un subsidio que se le entrega a personas que no lo requieren y cuando uno reconoce la escasez de los recursos fiscales y prioriza, creo que debieran ir a la educación de los niños y los sectores más vulnerables.

—Usted no estaba de acuerdo con ninguna gratuidad hace un año.

—Y sigo no estando de acuerdo.

—Pero lo tomó Piñera.

—Exactamente, lo tomó Piñera, felizmente no el compromiso del 100%.

—¿Fue un error de Piñera?

—Yo no habría tomado ese tema. Si uno asume las banderas de la izquierda como banderas propias, al final uno siempre pierde, pero hay que reconocer que es un hecho de la causa, lo tomó, y tendrá que él enfrentar cómo la lleva adelante.

—Si Bachelet logró correr el cerco, es un triunfo a futuro, ¿o no?

—Yo espero que no. Espero que los resultados obtenidos con este cerco corrido hacia un rol del Estado mucho más potente, demuestren que el espacio que se le entrega al ejercicio de la responsabilidad individual genera mucho más beneficios.

Fuente: La Segunda.-