15 de julio de 2017

El Simce y las herramientas correctas

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Hablar del Simce hoy ya no es un acto de defensa o de ataque a las pruebas, es, afortunadamente, un acto de reflexión y análisis que permite hacer gestión de la información.

A pesar de toda la mala prensa que el Simce fue adquiriendo a lo largo del tiempo, hoy nadie podría negar que ha sido la política pública educacional que ha permitido los mayores avances en cuanto a ajustar los focos para otras políticas públicas y para diagnosticar desde las necesidades propias de una escuela: según grupo socio-económico o dependencia o sus capacitaciones docentes, hasta ajustes curriculares o modificaciones a los planes de estudio.

Con los resultados del Simce se pueden hacer muchas lecturas de  datos y los gráficos pueden poner acentos en aquellas cuñas que a unos o a otros hagan más felices. Pueden mostrar, por ejemplo, que las mujeres han mejorado en matemáticas hasta casi eliminar la brecha; que los hombres de los grupos GSE medio alto y alto han disminuido significativamente su capacidad de comprensión lectora; que los GSE bajo y medio bajo son los que más han avanzado en la última década (a pesar que cada punto de avance ha sido carísimo en términos de costo/beneficio); que matemáticas ha sido más estable que lenguaje; y podemos identificar el impacto de la ley SEP. Sin embargo, no es tan fácil identificar las otras variables que puedan estar incidiendo en los movimientos de los últimos años.

Más allá de la anécdota, hay un cambio significativo en la actitud de los colegios. Hoy tienen más material para revisar sus prácticas; cuentan con estándares como referencia para analizar su desempeño; tienen los niveles de logros de aprendizaje por curso y pueden ponerse metas respecto de estos niveles y no sólo de puntajes promedios; tienen información respecto de los otros indicadores de desarrollo social que actúan como factores asociados a resultados de aprendizaje; se les entregan gráficos con su trayectoria de los últimos años y en algunos casos se ha avanzado hasta un análisis por eje en las asignaturas. Han aumentado las horas no lectivas en los colegios y ya es posible ver el aumento de reuniones semanales de trabajo pedagógico en equipo. También es más frecuente encontrarse con profesores analizando sus evaluaciones y sus resultados.

Todo este análisis, eso sí, se hace sobre la base del análisis interno del colegio ya que para un colegio o para un apoderado resulta lento y engorroso descargar la información de otro colegio e invertir tiempo analizándola para hacer análisis comparativo, pero está a libre disposición si  alguien quisiera hacerlo. Está, pero no es ni transparente ni tan asequible por lo tanto compararse con los pares de la comuna o con quienes están aplicando un mismo determinado modelo pedagógico o siguiendo una misma asesoría ya no es una tarea simple. Cuesta mirar y cuesta aprender de otros si no se puede comparar.

Instalar las capacidades para hacer un mejor uso de la información ha sido una meta y gradualmente aproximarse a ella ha implicado que las pruebas que por tanto tiempo fueron una amenaza, hoy sean una herramienta para mejorar los aprendizajes.

Entonces, ¿que debiera preocuparnos de estos resultados?

Ciertamente debiéramos tomar conciencia del hecho que cada punto de mejora se ha demorado demasiadas generaciones y ha costado muchos recursos y ensayos y errores. Claramente debiera preocuparnos mucho el hecho de estar a veinte o treinta años de los promedios de la OCDE y estar invirtiendo más en educación que muchos países que tienen mejores resultados que nosotros.

Debiera preocuparnos también el que muchas de las políticas públicas enfocadas en la institucionalidad han tenido efectos negativos en la implementación. Es así como una Ley Sep correctamente pensada para aportar más recursos a los niños más vulnerables hoy tiene a los colegios centrando su quehacer en la correcta utilización de los recursos, puesto que son tantas las normas y excepciones que hacer una rendición de cuentas pasa a ser más importante que alcanzar las metas del Proyecto Educativo. Los Proyectos de Integración Escolar (PIE) han allegado recursos para especialistas que pueden hacerse cargo de todos los alumnos con necesidades educativas especiales pero esto ha significado un tamizaje de capacidades que finalmente tiende a bajar los estándares de los logros de aprendizaje. O sea, falta ajustar el foco hasta los requerimientos de la sala de clases.

Tendríamos que poder contar con profesores especialistas a partir de 7° básico para todos los colegios. La postergación de la ley que separa la enseñanza básica de la media para el año 2027 no puede dejar atrás la necesidad de tener profesores ampliamente conocedores de su disciplina ojalá desde 5to básico, pero obligatoriamente desde 7emo. Las modificaciones curriculares así lo demandan y los colegios que no los tienen enfrentan severas dificultades para cubrir en profundidad los contenidos de los programas. Este año rinden Simce los alumnos de 8°, sería muy interesante saber cuál es la incidencia de esta variable tanto en el promedio como en la distribución de los resultados.

Finalmente, quienes estamos involucrados en educación sabemos que mover todos los índices que quisiéramos es un ideal muy difícil de alcanzar pero sabemos también que cada niño en nivel insuficiente es un niño que puede tener hasta dos años de retraso escolar y eso es un costo país demasiado alto como para perpetuarlo en el tiempo. Algunas de las escuelas ordenadas por la agencia de la Calidad en categoría de Desempeño insuficiente tienen hasta el 90% de sus alumnos en ese nivel y creemos que eso amerita más que una preocupación por parte del Mineduc, quien es el responsable legal de entregarles el apoyo. Esos niños no pueden seguir esperando.

 

Columna de Luz María Budge, Consejera de Libertad y Desarrollo y miembro del Consejo Asesor para la Calidad de la Educación.-