8 de abril de 2017

El 5% adicional y el desafío de mejorar las pensiones

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Por estos días comienzan a conocerse más detalles de la propuesta previsional que presentaría el gobierno. Y aunque no es lo único en discusión, el debate ha estado mayormente centrado en qué hacer con los 5 puntos adicionales de ahorro para pensiones. Esta pregunta debiese tener una sola respuesta: el 5% debiese destinarse a aquello que permita maximizar el aumento en las pensiones de los trabajadores, y no podemos concluir que esto ocurrirá con el bosquejo de reforma presentado por el gobierno.

Las estadísticas muestran que existe una relación directa entre el monto ahorrado en las cuentas individuales y la pensión obtenida al momento de jubilarse. La razón de que las pensiones estén por debajo de lo esperado radica en que, por distintos motivos (unos más y otros menos controlables por los trabajadores), nuestro ahorro para la vejez resulta insuficiente. De hecho, sólo ahorramos, en promedio, la mitad del tiempo que dura nuestra vida activa. Es por ello que la forma más directa y eficiente de mejorar las pensiones (si consideramos las potenciales externalidades económicas que esto podría traer) es aumentar el monto que se destina a las cuentas individuales. Lamentablemente, sólo la mitad de la mayor cotización sería destinada a este fin.

Ha trascendido también que este nuevo mayor ahorro individual no iría a las cuentas de capitalización de los trabajadores, sino que a nuevas “cuentas personales”, las que si bien aumentarían el ahorro que destina cada uno a su pensión, en caso de que el trabajador muera no serían heredables, sino que pasarían a formar parte de un fondo común. Esto atenta contra los derechos de propiedad de las personas sobre su ahorro para la vejez. Además, no es trivial cómo la nueva “cuenta personal” se fusionará con las cuentas individuales. ¿Podrán en conjunto ser utilizadas para el cálculo de la pensión al momento del retiro? Si es así, ¿cómo se sabrá cual será la fracción “no heredable” (“expropiable”)? La forma en que esto se resuelva incluso podría llevar a que lo que supuestamente iba a ser destinado a un mayor ahorro individual sólo termine alimentando un fondo común para financiar las pensiones de otros.

¿Quién debería administrar el mayor ahorro individual? Si lo que buscamos es aumentar las pensiones, el encargado debiese ser aquel queminimice los costos administrativos de gestionar los ahorros y maximice la rentabilidad de lo acumulado. A diferencia de lo señalado por parte de nuestras autoridades, no cerraría las puertas a que las AFP realicen esta labor: como el mayor ahorro es sobre el mismo salario imponible, las comisiones recaudadas no aumentarían, por lo que la gestión sería realizada a costo cero. Por su parte, los resultados de nuestros fondos de pensiones han sido tales que de lo acumulado las cotizaciones representan sólo cerca de 30% de los fondos acumulados. El 70% restante corresponde a rentabilidad. En suma, parece del todo razonable permitir que los cotizantes decidan dónde invertir su cotización adicional, sin excluir que las AFP sean parte de las alternativas.

La otra mitad del mayor ahorro (los 2,5 puntos restantes) se utilizarían para financiar (con el ahorro individual de los trabajadores) las pensiones de otros: ya sea de los que hoy están jubilados o de quienes en el futuro no alcancen un determinado nivel de pensión. En ambos casos se rompería la lógica entre ahorro realizado y beneficio obtenido, desincentivando la cotización y fomentando la informalidad. Todo ello juega en contra del objetivo final (mejorar las pensiones), además del impacto negativo que esto podría tener sobre el mercado laboral, el ahorro y las finanzas públicas que incluso ha reconocido el Banco Central en un reciente informe. Mención especial para los efectos de financiar con cotizaciones presentes las pensiones de los hoy jubilados (“solidaridad intergeneracional”). Ello no es más que instalar un componente de reparto en nuestro sistema, que dada nuestra realidad sociodemográfica (envejecimiento acelerado de la población y baja tasa de natalidad) resultaría imposible de financiar en el futuro. Si lo que buscamos es mejorar las pensiones de quienes no alcanzan un nivel de ahorro suficiente para su retiro, debiésemos fortalecer el Pilar Solidario, el que se financia a través de rentas generales y no con un impuesto al trabajo.

Estamos ante una oportunidad única: se ha generado un consenso tácito en torno a la idea de aumentar el ahorro que destinamos para financiar nuestras pensiones, lo cual era impensado hasta hace algunos meses (de hecho, los efectos de este aumento en el mercado laboral podrían no ser menores, por lo que resulta clave implementarlo de manera gradual). Sin embargo, todo apunta a que una vez más lo político primará a lo técnico y que este gobierno desaprovechará la posibilidad de acercar nuestra tasa de cotización a un nivel que permita revertir nuestro bajo nivel de ahorro y que esté más acorde a las mayores expectativas de vida que hoy existen.

 

Columna de Alejandra Candia, Directora del Programa Social de Libertad y Desarrollo, publicada en Voces de La Tercera.-