11 de junio de 2018

Columna de Hernán Felipe Errázuriz en El Mercurio: “Morales y Maduro: Repudiados”

Evo Morales fue el único apoyo sudamericano que recibió Nicolás Maduro en la Asamblea de la OEA de esta semana. A pesar de su desprestigiado aporte, contribuyó a que el venezolano no fuera humillado.
Se necesitaban 24 votos para iniciar el proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana con el objeto de marginar a Venezuela de la Organización. Solo se contó con 19, y debió cancelarse la Asamblea Extraordinaria con ese propósito. Maduro, aislado y todo, celebra y podría retirarse voluntariamente de la OEA el año próximo.

Aparte de Morales, los únicos otros apoyos Maduro los recibió de Dominica y San Vicente y las Granadinas, islas caribeñas con menos de la mitad del territorio de la comuna de San Vicente de Tagua Tagua, y con la mitad de la población de Rancagua. Junto a otras diez naciones anglófonas, tienen un poder de votación similar a toda Sudamérica. Así son las cosas en la OEA.

Siendo esas islas parte de la Mancomunidad Británica de Naciones, Inglaterra podría haber influido para que se sumaran a la condena a Maduro. Así se le solicitó al canciller Boris Johnson y no fue capaz de lograrlo. Maduro habría sido derrotado si la mitad de esos gobiernos caribeños hubieran concurrido con la mayoría.

Lamentable fue la abstención de Ecuador en la votación. Su Presidente, Lenín Moreno, pudo haber ido más allá, con otro testimonio del distanciamiento de su predecesor, el populista Rafael Correa, firme partidario de Chávez. Decepcionante resultó la abstención de Uruguay. El Presidente Tabaré Vázquez no resistió a la influencia de sus aliados afines a José Mujica, otro simpatizante chavista.

Clara y fundada fue la intervención del canciller Ampuero en defensa de la posición chilena de condena a Maduro, y notable y enérgica fue su respuesta a los agraviantes ataques del canciller venezolano.

La presión internacional en contra del régimen de Maduro y el apoyo a sus opositores no debieran quedar paralizados por la fallida Asamblea de la OEA. Los dirigentes y representantes del gobierno venezolano deben sentir que mientras más demoren la transición a la democracia y el llamado a elecciones libres, menos podrán negociar sus responsabilidades por los gravísimos daños que han causado a los derechos y bienestar de los sufrientes venezolanos.

El descrédito, el socialismo del siglo XXI y las reelecciones sucesivas unen a Maduro y a Evo Morales. Cada día están más aislados. Son repudiados en la región y por la comunidad internacional. Su desprestigio debería transmitirse y extenderse a las causas que tramitan ante la Corte de La Haya, sus jueces deben considerarlo, y no prestarse a servir de instrumentos favorables a sus demandas, que los ayudan a mantenerse indefinidamente en el poder.

Columna de Hernán Felipe Errázuriz, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-