4 de febrero de 2018

Columna de Hernán Büchi en El Mercurio: “Lo favorable y lo complejo”

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El Presidente electo nombró a sus ministros y se apresta para designar a quienes desempeñarán los demás cargos en su futura administración. Las personas seleccionadas y sus declaraciones iniciales, reflejan con claridad que su decisión es hacer lo necesario para que el bienestar de los chilenos vuelva a retomar una senda de progreso.

Mientras eso sucede, el gobierno saliente se apresura en concretar sus reformas, mal concebidas y peor implementadas. La reciente aprobación de la ley de educación superior es emblemática. Es imposible avizorar como mejorará la calidad de la educación y la diversidad en las opciones de los jóvenes. Lo que queda claro es que concentra el poder en la burocracia, facilita la acción de los sectores beligerantes, y presenta numerosas contradicciones por el afán de despacharla durante esta administración.

El daño causado a los incentivos para crear, producir y emplear es más profundo de lo que se aprecia a primera vista y la animadversión contra los emprendedores está fuertemente enraizada en la administración del Estado. Si el próximo gobierno desea realmente iniciar un nuevo período en que el nivel de vida de todos los chilenos mejore aceleradamente, enfrentará una difícil y compleja tarea. Si esta tarea no se realiza, la recuperación de la economía, empujada en parte por las expectativas del retorno del sentido común en las políticas públicas, no estará a la altura de las circunstancias y de lo que el país espera y necesita.

No es sólo la premura en legislar lo que ha caracterizado las acciones del gobierno. Después de ufanarse por utilizar una retroexcavadora para destruir, hoy advierten con severidad que “el legado” no debe tocarse, aunque a todas luces tiene graves falencias e inconsistencias. Más aún, insinúan un veto a algunas de las nuevas autoridades designadas por el mandatario electo. Estas actitudes aumentan la complejidad de los desafíos que enfrenta el nuevo gobierno. No olvidemos que el conjunto de fuerzas que desde el 11 de marzo serán oposición, incluye grupos radicalizados que creen que el derecho a disentir, expresarse y manifestarse incluye también el derecho a agredir y destruir. Han actuado así en el pasado y sería ingenuo no prepararse para que también lo hagan en el futuro.

Afortunadamente, la difícil tarea que le espera al nuevo gobernante y su equipo, se verá favorecida por una expansión de la economía mundial que no veíamos desde los años previos a la crisis financiera del 2008. La larga sombra de dicha crisis, que nos acompañó durante la última década, finalmente quedó en el pasado.

Las distintas zonas económicas, de países desarrollados y en desarrollo, están creciendo al unísono. EE.UU., Europa, Japón, China, Asia emergente e incluso Latinoamérica sorprenden con cifras positivas que hasta hace poco se creían imposibles.

A precios de paridad de compra, el crecimiento mundial bordea el 4% tanto para los últimos doce meses como para los últimos trimestres. Las proyecciones para este año y el próximo son similares. Las voces que predecían que el mundo y en especial los países desarrollados habían entrado -para quedarse- en un “estancamiento secular”, se han acallado. Importantes economistas de Obama acuñaron este concepto para justificar que la economía americana se mantuviera anémica durante su mandato. Pretenden también  atribuirle a dicha administración la expansión que está hoy día a la vista.

Sin embargo, en el avance actual han cooperado las mejores expectativas dadas por el giro pro emprendedor de Trump, donde destacan la eliminación de los excesos regulatorios y una reforma tributaria favorable a la inversión y el crecimiento, a pesar de las imprudencias matinales del Presidente en su cuenta de twitter.

Es legítimo preguntarse si estas mejores cifras son transitorias y se volverá a caer en un ritmo deslucido o el potencial de crecimiento se elevará efectivamente en su tendencia de largo plazo. Los defensores del estancamiento defienden su tesis destacando la baja inversión, la realidad demográfica de poblaciones envejecidas en el mundo desarrollado y el pobre desempeño de la productividad. Actualmente, dado el importante repunte de la inversión y las expectativas de que, finalmente, la revolución de la tecnología de la información comience a acelerar la productividad, es más razonable compartir la visión de los optimistas. Incluso el reciente comportamiento de las tasas de empleo, más bajas de lo que se creía posible, indican que existe una importante reserva de mano de obra disponible.

No debemos imaginar, eso sí, que no tendremos de vez en cuando malas noticias o transiciones azarosas. La inflación más baja que lo deseable y las tasas de interés casi nulas en términos nominales y negativas en términos reales, deberán quedar atrás al consolidarse una nueva etapa de crecimiento mundial sostenido. Ello significa que los Bancos Centrales de los países desarrollados deberán volver a estrategias más normales y terminarán con la compra masiva de instrumentos financieros y subirán paulatinamente sus tasas de intervención. El que lidera en esta materia es la Reserva Federal Americana, con su nueva conducción, pero finalmente el Banco Central Europeo y el de Japón deberán hacer lo propio. Los mercados reaccionarán a estos cambios, a veces bruscamente y más de alguien se verá afectado negativamente.

El cuadro general, sin embargo, es de mejores oportunidades para desarrollarse y el país ya lo siente. El precio del cobre está a niveles que hace un año atrás eran considerados altamente improbables y los mercados para las exportaciones se han ampliado. Ello es sin duda una ventaja, pero conlleva un riesgo. Ya se indicó que la tarea de volver a colocar a Chile en una trayectoria de progreso acelerado es difícil y compleja. Es predecible también que se encontrarán opositores dispuestos a actuar dentro y fuera de las reglas democráticas para oponerse al avance. El gobierno que está por asumir deberá tener gran convicción y entereza para enfrentar las dificultades en aras de un desarrollo estable a futuro, cuando en el corto plazo podrá mostrar mejoras importantes. La meta de crecer en torno al 3,5% este año es relativamente fácil de alcanzar y los aumentos de inversión son perfectamente factibles, luego de años en que ella ha estado disminuyendo sistemáticamente. Pero, si hoy no se enfrentan los problemas de fondo, probablemente mañana sea demasiado tarde tanto para la coalición política gobernante como para Chile una vez que disminuya el impulso inicial de las mejores expectativas internas y del favorable ambiente externo.

Columna de Hernán Büchi, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada hoy en El Mercurio.-