13 de enero de 2018

Columna de Luis Larraín en El Mercurio: “Derecha e Izquierda: Geometría y Política”

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Luego de la Revolución Francesa la ubicación que tomaron los parlamentarios en la Asamblea, derecha o izquierda, condicionó el que ha sido el principal eje de la política desde entonces. Después de las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile, siempre se puede volver a esas categorías para analizar la política chilena y el devenir del gobierno de Sebastián Piñera y de la Oposición.

El eje de izquierda-derecha no es el único relevante en la política de hoy, ya nos referiremos a ello. Sin embargo, si uno decide usar ese eje debe respetar algunas cuestiones básicas, que tienen que ver con su lógica y coherencia interna. Por eso no deja de sorprender que en la izquierda, la principal reacción después de haber sido duramente derrotados por la derecha sea correrse más a la izquierda. Eso simplemente desafía la geometría.

Si te derrotó la derecha, la lógica te dice que debes correrte al centro, para intentar disputar a tu adversario ese electorado que tiene una mayor probabilidad de cambiarse de un lado a otro. Por eso, es extraño que el Partido Socialista concluya después de la dura derrota de la Nueva Mayoría que debe correrse a la izquierda y pactar con el Frente Amplio, que además sacó menos votos que ellos. Ahora, que lo haga la Democracia Cristiana eso es ya delirante y nos habla de la degradación intelectual que ha sufrido ese partido.

Resulta curioso también que el Frente Amplio, que se supone reúne a distintas sensibilidades y pretende operar con una lógica distinta a las categorías tradicionales, también esté en lo mismo, y la Izquierda Autónoma esté hoy disputando a Revolución Democrática el control del movimiento, apelando a su condición de izquierda. Dentro de las ideas que cultivan los “autónomos”, y sus referentes Ernesto Laclau y Chantal Mouffe,  está la de agrupar distintas “causas” en una posición crítica hacia las autoridades e instituciones, con el objetivo de superar la democracia liberal mediante la creación de una nueva “hegemonía”. Su problema parece ser que esa nueva hegemonía es, inevitablemente, de izquierda y radical. En definitiva no pueden escapar al viejo eje de la política y toda la supuesta novedad de su propuesta se diluye.

La centroderecha ganó la elección, pero sabemos que su mayoría es feble. La lógica nos dice entonces que si utilizamos el eje derecha-izquierda, tampoco le conviene moverse a la derecha. Sin embargo lo contrario, vale decir correrse al centro sin atender a las sensibilidades de la derecha, también es riesgoso, pues se puede caer en la desafección. El desafío de Sebastián Piñera es cómo mantener ilusionados y fieles a sus votantes y no es nada fácil, por eso requiere de mucha unidad entre sus votantes, que ojalá no practiquemos el “tironeo” en cada circunstancia.

Pero dijimos que había otros ejes distintos al de derecha-izquierda. Sintonizar con las mayorías en esos ejes fue clave para el triunfo de Piñera y volverá a ser clave la próxima elección presidencial. Las redes sociales, la pérdida de poder y prestigio de las instituciones tradicionales y una ciudadanía que no quiere intermediarios con la autoridad, son el ambiente donde se mueven estos nuevos ejes.

Sebastián Piñera ha ofrecido un camino en que los chilenos puedan desarrollar sus proyectos de vida en un país que les ofrece libertad, oportunidades de progreso, justicia y solidaridad.

La prioridad debe ser atender primero a los más vulnerables, los niños, los mayores que no pueden sustentar una vida digna, los que no tienen trabajo; pues de lo contrario no podremos decir que vivimos en un país justo. Pero está también la realidad de nuestra gran clase media, menos ideologizada, más exigente, voluble y la vez vulnerable. No quiere perder lo ganado y le interesa mucho el crecimiento y la mejor calidad de vida,  pero aprecia los beneficios sociales del Estado que le ayuden a superar contingencias como una enfermedad que descalabra el presupuesto.

Estos grupos están hoy con una gran ilusión, y más que situarse en el eje de derecha-izquierda lo que quieren es vivir en un país mejor para todos.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-