12 de octubre de 2017

Columna de Carolina Grünwald en Pulso: “Estimación de ingresos en el Presupuesto 2018”

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Iniciada la tramitación de la Ley de Presupuestos 2018, la Dirección de Presupuestos (Dipres) anunció un gasto de gobierno que crecerá en 3,9% real anual, valor muy por sobre lo esperado, que se justifica en una “franca recuperación” que aún no se consolida.

En esta ocasión se utilizaron como supuestos parámetros centrales que parecen ser razonables: se mantuvo la proyección de crecimiento del PIB para 2017 publicada en julio (1,5%), estimándose una tasa de crecimiento anual del producto de 3% para el 2018. El precio del cobre, por su parte, fue corregido al alza a 288 centavos de dólar la libra. El tipo de cambio, en tanto, no sufrió correcciones significativas ($650 para el próximo año).

Para determinar el gasto fiscal, se debe comenzar por estimar los ingresos. Luego se realiza el ajuste cíclico correspondiente (utilizando los parámetros de largo plazo) y se obtiene el ingreso estructural y, por lo tanto, el nivel de gasto estimado compatible con la regla fiscal.

Para 2018, la Dipres cifró la tasa de crecimiento de los ingresos totales en 7,4% real. Los ingresos estructurales, en tanto, crecerían un 5,0% real. Estas cifras han sido criticadas, pues surgen dudas respecto del cálculo de los ingresos, los que parecieran estar sobreestimados. En términos generales, se consideró un mayor dinamismo de la actividad económica (3,0%), que se espera impulse la recaudación.

Sin embargo, los ingresos proyectados para 2018 suponen una expansión muy superior al crecimiento visto tanto para el PIB efectivo como para el PIB tendencial. Destacan los ingresos estimados del impuesto a la renta del resto de los contribuyentes, que registran un importante incremento de 10,6% respecto del IFP de 2017. Esta alza se fundamentó en una recuperación de la base imponible, la cual registró una importante caída en el año 2017, lo que es a lo menos cuestionable. Parece bastante claro que las estimaciones apostaron a un importante aporte derivado de la última etapa de la reforma tributaria, existiendo legítimas dudas de que se haya ajustado la información a los datos efectivos luego de las modificaciones a la reforma.

Además, en el IFP recién publicado se explica que el menor ingreso tributario del resto de los contribuyentes en el año anterior “se vio compensado por los ingresos percibidos por concepto del impuesto sobre el FUT histórico, que son tratados en su totalidad como ingresos estructurales”, asunto que también requeriría aclaración por parte de la autoridad.

Por otra parte, para los ingresos proyectados provenientes del IVA se estimó un crecimiento de 7% en relación con el IFP del 2017 (5,4% respecto de la actualización). Sin embargo, este incremento resulta desproporcionado si se compara con la evolución de la demanda interna, la cual aumentaría en sólo 4,1% anual en 2018.

Con todo, y aún con la evidente sobreestimación de los ingresos de proyección de la Dipres, tanto el Balance Efectivo como el Balance Cíclicamente Ajustado (BCA) revelan un déficit mayor al que se heredó de la administración anterior. El primero alcanzaría un nivel de -2,7% del PIB en 2017, 1,3 puntos más deficitario que el año 2013. El BCA, por su parte, habrá pasado de un nivel de -0,5% el 2013 a -1,5% el 2018. Con ello se habrá cumplido con la Regla del Balance Cíclicamente Ajustado autoimpuesta por el ex Ministro Valdés (que supone una reducción de 25 puntos porcentuales respecto del déficit del año anterior, con parámetros corregidos), pero significará un deterioro evidente de las finanzas públicas.

 

Columna de Carolina Grünwald, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Pulso.-