24 de julio de 2017

Luis Larraín en Pulso: “Valdés no pudo compatibilizar el seguir al pie de la letra el programa de Bachelet con hacer una buena conducción económica”

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Afirmó que el próximo Gobierno para realizar sus propios programas tendrá que recortar gastos comprometidos. Criticó el rol que ha jugado la Democracia Cristiana al interior de la Nueva Mayoría.

A principios de la semana pasada, el Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo (LyD), Luis Larraín, fue parte de un grupo de economistas que se reunió con el candidato presidencial de Chile Vamos, Sebastián Piñera. En esa cita se analizó la situación fiscal que deberá hacer frente el próximo Gobierno. Todo esto en medio de la rebaja en la clasificación de riesgo de Standard & Poor’s y de la aprobación del proyecto de Educación Superior en la Cámara de ecDiputados que contempla avanzar hacia el 60% de gratuidad, presionando aún más las finanzas públicas. Para Larraín, el programa de Gobierno de la Nueva Mayoría era incompatible con el crecimiento, y eso ya quedó demostrado.

La rebaja en la clasificación de riesgo por parte de S&P era algo que se había anticipado, ¿se pudo hacer algo más para evitarlo?

-Creemos que esto debió anticiparse. El programa que traía este Gobierno contemplaba un gasto muy expansivo. Este año, que se suponía que era el más restrictivo, el crecimiento del gasto público terminará creciendo 4%, mientras el PIB efectivo entre 1,2% y 1,5%. Entonces se pudo haber hecho algo antes.

¿Falló el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, en su misión de poner mayor responsabilidad fiscal al programa de Gobierno?

-El ministro Valdés uso mucho su credibilidad como economista para tratar de tranquilizar al mercado, pero ya se le acabó el crédito. El mercado ya no le cree.

¿Hubo una sobre expectativa de lo que podía lograr hacer el ministro?

-Cuando Valdés llegó se esperaba un reenfoque de las políticas públicas para que se orientaran más hacia el crecimiento y que a su vez, aplicara una política fiscal menos expansiva, pero eso no logró, e incluso se retrocedió. El haber hecho esta labor de menor gasto era incompatible con el programa de Gobierno, y al programa no se le ha cambiado ni una coma. Se ha seguido con las reformas que requieren financiamiento como es el caso de la gratuidad. Los cálculos que hay es que sólo al primer año subir del 50% al 60% la gratuidad significan unos US$300 a US$330 millones, pero en régimen esto podría llegar a costar US$1.000 por año.

También había expectativas de que iba a moderar las reformas.

-Desde el punto de vista de las reformas, pensamos que Valdés iba a tener un rol más activo en algunas de ellas como la laboral, pero resulta que Chile quedó con la legislación más restrictiva en materia de reemplazo en huelga de la OCDE y somos el tercero más pobre de ese grupo. En materia de Reforma Tributaria Chile quedó con la segunda tasa más alta de impuesto a las empresas de toda la OCDE, y somos el tercer país más pobre de la OCDE.

¿No funcionó el realismo sin renuncia?

-Rodrigo Valdés no pudo compatibilizar el seguir al pie de la letra el programa de Michelle Bachelet con hacer una buena conducción económica.

¿Cómo deja esta situación al ministro de cara a la discusión de la ley de Presupuestos 2018?

-La situación fiscal ya está bastante comprometida, y por lo demás, desde que existe el concepto de holguras fiscales, este será la primera vez que habrá holguras negativas. Un nuevo Gobierno parte sin recursos para sus propios proyectos, sino que además con un hoyo de US$1.800 millones. Entonces el deterioro de la situación fiscal es muy grande. Pese a esta situación, supongo que el ministro Valdés dejará algún fondo de libre disposición, que históricamente es del orden de US$500 millones, pero no sé si lo podrá hacer. Es dura la tarea que se viene. Un próximo gobierno para realizar sus propios programas tendrá que recortar gastos comprometidos o reasignar.

Hay criticas también sobre la responsabilidad de este Gobierno, ya que se estableció una meta fiscal con base movible, haciéndola flexible.

-Uno puede técnicamente discutir la mejor regla, pero para el momento actual que vive Chile lo mejor no era una base movible. Desde el punto de vista de un acreedor externo, que es como se debe analizar, lo preferible es que un país se comprometa a una meta fija. Eso es lo adecuado en esta coyuntura dado que los ojos de las clasificadoras estarán puestos en el país y su desempeño fiscal.

Una de las recomendaciones que hizo S&P para que no se siga deteriorando la posición crediticia es disminuir el déficit fiscal, ¿cómo se compatibilizará esa recomendación con este escenario de estrechez fiscal?

-Será muy complejo. El primer año uno puede esperar que el crecimiento supere el 3% por el efecto de las expectativa, pero eso no se traduce inmediatamente en ingresos fiscales, sino más bien hacia 2019. Por ello, el primer año será bastante delicado. El ex presidente Sebastián Piñera está preocupado y eso nos manifestó en la reunión de principios de la semana pasada. El camino es tratar de recortar gasto que son superficiales y en contener gastos en educación. La gratuidad fue una ilusión que se vendió y que el país no estaba en condiciones de asumir esta promesa. La sociedad tiene que entender que no se puede seguir gastando de esta manera.

Pero ve que más allá de las restricciones, ¿el próximo Gobierno deberá de todas formas avanzar en la reducción del déficit fiscal estructural?

-Es un objetivo avanzar a balance, tanto desde el punto de vista efectivo como estructural. Hoy a nivel efectivo estamos con un déficit del orden de 3,1% y estructural 1,7%. Se deben buscar las fórmulas para reducirlo.

De alguna manera este Gobierno recogió el malestar ciudadano que había para realizar su programa de Gobierno, ¿ve que después de casi cuatro años ese malestar fue mal canalizado?

-Este Gobierno tenía un programa absolutamente insensato, un programa que no era sostenible económicamente, y que además partía con un diagnóstico equivocado, de que toda la sociedad estaba en contra del modelo económico. Este fue un diagnóstico muy ideologizado. No es que no se quisiera el modelo, sino que la gente quería más del modelo, porque a medida que el país crece, quiere participar de los beneficios, y ese es el fenómeno que se vivió, en cambio, se mal interpretó este malestar y se pensó que la solución era cambiar el modelo.

¿Pero cómo se avanza para distribuir mejor el modelo ?

-La gente es menos ideológica que los políticos. Las personas ven que hay un sistema que ha funcionado, y que le proporciona una mejor calidad de vida a una mayor cantidad de gente, pero también ven ciertas apreturas, y por ello se debe avanzar en medidas que le permitan a la clase media a cubrir ciertas contingencias en materia de salud, educación o previsión.

Los casos de colusión de la CMPC, y lo hechos recientes que ha pasado con Enel y su tardía respuesta a los cortes de luz, ¿ponen a prueba el modelo?

-Algunos casos de abusos y descuidos de algunas empresas contribuyen a ese clima. Por ejemplo, en el tema de competencia, lo que está pasando no es que ahora haya menos competencia y más colusión, sino que lo que pasa es que ahora tenemos una institucionalidad y ahora es capaz de detectarla. Se han ido mejorando los estándares.

“La DC pasó de ser un partido con líderes fuertes a uno preocupado de repartirse cupos en los gobiernos”

Varios analistas han criticado el rol que han jugado los antiguos técnicos de la Concertación en este Gobierno y que esa ausencia es parte del problema en el diseño de las políticas públicas, ¿cuál es su visión sobre este punto?

-Hubo un cierto agotamiento de los liderazgos al interior de la Concertación, y en especial de los liderazgos fuertes de partidos de la Concertación. Por ejemplo, la Democracia Cristiana pasó de ser un partido de personajes fuertes como Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin a ser un partido preocupado de repartirse cupos en los gobiernos. Se acabaron los líderes del social cristianismo, y llegó gente preocupada de mantenerse en el gobierno. En el caso de socialismo, hubo problema de recambio generacional muy serio y en definitiva se fueron quedando sin personas técnicamente capacitados.

Pero en la DC siguen habiendo técnicos de primera línea como Alejandro Foxley, José Pablo Arrellano, René Cortázar, José de Gregorio.

-Hay una mezcla de cosas. Lo primero que pasó es que del grupo más cercano de Michelle Bachelet y de la propia Presidenta hubo una decisión explícita de excluir a esta gente, a la antigua Concertación para darle el paso a los G90, representados de alguna manera por Rodrigo Peñailillo y Alberto Arenas. Pero también hubo una cierta superficialidad de los técnicos que sí participaron y que después se apartaron. Pero resulta que estos son los mismos que nos dijeron que se podría hacer una Reforma Tributaria y que no iba tener efectos en la inversión ni el crecimiento. Ahí no vi a ningún técnico de la Concertación diciendo que eso no se podía hacer. Ellos dejaron la cancha abierta, y ese fue un error.

¿La falta de renovación en los partidos de la Nueva Mayoría se refleja en que Carolina Goic no repunta en las encuestas y el surgimiento de alguien que reniega de los partidos como única alternativa presidencial?

-Si bien Alejandro Guillier es una persona respetable, no tenía credenciales para ser candidato presidencial. Y eso está quedando reflejado. La ausencia de liderazgo se notó en la aparición potente del partido comunista en el proceso de reformas.

¿Cuál debería ser la estrategia de un nuevo Gobierno?

-Los países no avanzan sin acuerdos. Un nuevo gobierno necesitara llegar a acuerdos.

“Se puede mantener el nivel de la tasa impositiva a las empresas los primeros años y luego bajarla los dos siguientes”

Una de las metas de candidato presidencial de Chile Vamos, Sebastián Piñera, es duplicar el crecimiento de este Gobierno, sin embargo, el último LatinFocus Consensus Forecast ve que recién hacia 2021 el país crecerá a 3%, ¿ve factible cumplir esa promesa?

-Las proyecciones de los macroeconomistas se hacen en base a modelos, y estos tienen inercia. Por ello, es difícil que puedan reflejar cambios muy importantes de tendencia, y predecir los ciclos, pero se puede crecer perfectamente entre 3,5% y 4% los próximos cuatro años.

Una de las propuestas de Piñera es bajar el impuesto a las empresas de 27% a 25%, ¿ve eso deseable en momentos de estrechez fiscal donde se requiere mayores recursos?

-Para esta política hay que tener un horizonte y una meta, pero también mucha prudencia para hacer política tributaria. El nivel en que quede la tasa de impuesto a las empresas es una cuestión prudencial. Por esta misma razón lo que se debe hacer es estudiar bien cuánto y cómo se debe bajar la tasa, porque todo esto dependerá también de lo que pase con otros ingresos tributarios, el precio del cobre, de cómo evolucionan las expectativas y el crecimiento económico. No se puede mirar sólo los impuestos a las empresas de manera única.

¿Entonces es poco probable ver un cambio tributario en los primeros meses de un eventual Gobierno de Piñera?

-Lo que se está haciendo ahora son ejercicio de consistencia macroeconómico. No se ha decidido nada, pero perfectamente se puede decir que durante los dos primeros años se mantiene la tasa en estos mismos niveles y luego bajarla al tercer y cuarto año. Esto tendría la ventaja de entregar una señal de certidumbre para los inversionistas y sus proyectos. En este momento se está analizando cómo hacer los cambios al sistema tributario.

Sobre la Reforma Laboral, ¿la automatización se debe considerar o no reemplazo en huelga?

-Eso lo encuentro demencial. El reemplazo es de trabajadores con trabajadores, lo otro es tapar el sol con un dedo. Es congelar la tecnología, y no se necesita ningún cambio, sino que basta con interpretar bien la ley.

Fuente: Pulso.-