19 de mayo de 2017

Columna de Sergio Morales en Voces: “Ofertones laborales”

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Ante la ausencia de una agenda sólida del Ejecutivo en materia laboral que incentive la creación de empleos, aumentos de productividad o inclusión de sectores marginados al trabajo, han despertado del sueño de los justos una serie de mociones parlamentarias añejas sobre beneficios que se quieren otorgar por ley a los trabajadores.

Resulta a lo menos curioso que, en año de elecciones, nuestros parlamentarios tengan la generosidad y desprendimiento de lanzar una serie de proyectos que claramente generan aceptación popular, pero que desgraciadamente no se insertan en el contexto económico actual ni cuenta con estudios que den cuenta de su real factibilidad.

Dentro de estos proyectos, los más comentados hoy en día son el liderado por la diputada comunista Camila Vallejo sobre rebaja de jornada ordinaria máxima de trabajo de 45 a 40 horas semanales y aquel que eleva de 15 a 20 días el mínimo de vacaciones de los trabajadores contratados.

Del análisis de los proyectos en cuestión y de los fundamentos y antecedentes que se utilizan para justificar las propuestas, no resulta claro el beneficio que estas medidas traerían en nuestro país para superar grandes problemas en materia de nuevos empleos, la enorme cantidad de trabajadores informales y por cuenta propia ni menos en demostrar la relación con la productividad.

El proyecto de rebaja de jornada de trabajo ordinaria se funda en comparaciones con países como Holanda y pretende fundar su justificación en razón a la productividad en circunstancias que, como lo demuestra la experiencia comparada, sólo una vez alcanzados ciertos estándares de productividad se produce una rebaja de jornadas, pero nunca al revés.

Por su parte, el aumento de días de vacaciones, pareciera ser una idea más razonable, pero siempre y cuando se haga un balance  con la gran cantidad de feriados que tenemos a nivel  nacional como los que se han fijado a nivel regional.

Si sigue esta tendencia, no es de extrañar que prontamente se propongan viajes al Caribe y automóviles cero kilómetro.

Llama la atención la tendencia que se aprecia en los proyectos que se presentan en materia laboral que implica regular y explicitar hasta el más mínimo detalle, sin reparar en la idea que, pese a que el contrato de trabajo es un contrato dirigido y que la ley establece normas mínimas y máximas irrenunciables que buscan resguardar equilibrios, las partes debieran tener espacios para negociar condiciones de trabajo de acuerdo a las necesidades de cada trabajador y de la realidad de cada empresa. Ahí hay un tema en la educación en materia de negociación individual y las materias que se negocian colectivamente por medio de pactos de adaptabilidad laboral.

En tiempos en que la economía pasa por un mal momento y los empleos van disminuyendo tanto en número como en calidad, la responsabilidad debiera estar más que nunca presente en las autoridades, no dejando espacio a populismos que por medio de ofertones para captar la simpatía y el voto de algunos pueden poner en grave riesgo el ya tan maltrecho mercado laboral.

Columna de Sergio Morales, investigador del Programa Legislativo de LyD, publicada en Voces de La Tercera.-