16 de Abril de 2017

Las (pobres) cifras recientes

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En las últimas dos semanas, se ha dado a conocer una batería de cifras para la economía local. De novedoso tiene bastante poco, ya que al término de cada mes y con religiosa periodicidad, nuestro INE, Banco Central y otros organismos, renuevan sus indicadores y proyecciones.

Lo diferente, y lamentable, es que esta última camada de indicadores económicos parece aún más negativa de lo que estábamos ya acostumbrados, lo que es bastante decir, considerando lo lento de los últimos años.

El primero de estos preocupantes indicadores es –qué duda cabe– el empleo. Si bien durante los últimos años el declive de la situación laboral parecía relativamente acotado, con una tasa de desempleo relativamente estable que se podía –al menos en parte– atribuir a factores más estructurales, como envejecimiento de la población y/o mayor tardanza de los jóvenes en ingresar a la fuerza de trabajo, los últimos resultados son ya francamente dramáticos, más allá de lo que la tasa de desempleo aún indique.

Y no me refiero solo a que en 12 meses se hayan destruido más de 120 mil empleos asalariados, por lejos la mayor caída desde que tenemos esta Nueva Encuesta de Empleo, lo que implica que en el neto se estén creando apenas 57 mil nuevos empleos cada año, los cuales son prácticamente todos por cuenta propia. Me refiero a que, dentro de quienes sí trabajan, la situación está en declive.

Incluso dentro de los asalariados –nos informa el INE– las remuneraciones apenas están creciendo anualmente algo más de un 1% por sobre la inflación, cuando en 2013 estas alcanzaban el 5%. A esto se suma que las horas promedio trabajadas llevan un buen tiempo contrayéndose. Adicionalmente, del millón 770 mil personas que trabajan por cuenta propia, 365 mil trabajan solo entre 1 y 15 horas a la semana, y más de 737 mil estarían disponibles para trabajar más horas si esto fuese posible. De hecho, 490 mil declaran que no pueden trabajar más por falta de clientes o temporada baja.

Por el lado de la actividad, el Imacec de febrero se contrajo en un 1,3%, cosa que no se veía desde la crisis económica de 2009. De esta cifra lo que realmente asombra es que el resto de la actividad –excluyendo minería– ha venido creciendo a una tasa por debajo de lo que podría considerarse razonable, apenas por arriba del 1%, en los últimos 6 meses. Como si esto fuera poco, los recientes indicadores del consumo muestran un absoluto estancamiento –ya sea se le pregunte a la Camara Nacional de Comercio o al INE–.

¿Pero qué hay de las perspectivas hacia adelante para la actividad?

Tanto el Banco Central en su último informe de Política Monetaria, como los consultados por este en su última Encuesta de Expectativas, han corregido a la baja sus perspectivas. El Central estima que el crecimiento estará entre 1% y 2% este año, y entre 2,25% y 3,25% el 2018, mientras que la mediana de los consultados es de 1,6% y 2,5%, para 2017 y 2018, respectivamente.

Ahora, no todo es negativo, y la idea no es deprimirse.

Pese a todo, la incertidumbre política, la economía mundial y en particular nuestros socios comerciales, parecen estar tomando fuerza. Las tasas de interés históricamente bajas continúan para países como el nuestro. El precio de las materias primas, incluido el cobre, se mantiene relativamente alto, lo que ayudará a tapar algunos hoyos fiscales, y los mayores países de la región estarían volviendo a crecer. Incluso nuestras exportaciones industriales han tenido un muy buen primer trimestre, pese a un tipo de cambio (real) que no parece demasiado favorable.

Todos estos últimos factores nos dan una mano desde el exterior para volver a crecer y, finalmente, dejar atrás los pobres resultados locales. Esto, si es que nosotros mismos finalmente decidimos permitirlo.

 

Columna de Francisco Klapp, investigador del Programa Económico de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mostrador.-