15 de Abril de 2017

Columna de Luis Larraín en El Mercurio: “El tongo de la DC”

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La decisión del Comité Central del Partido Socialista de nominar a Alejandro Guillier como candidato a la primaria en desmedro de Ricardo Lagos ha recibido críticas desde variadas trincheras. Dentro de los más críticos han estado figuras de la Democracia Cristiana, tales como Ignacio Walker y Mariana Aylwin, y la propia Presidenta del partido, Carolina Goic.

Se le ha reprochado al Partido Socialista su renuncia a llevar a un candidato de sus filas (tuvo tres disponibles) y su adhesión a una figura ajena sólo en consideración a su mejor posición en las encuestas.

Pero lo cierto es que la Democracia Cristiana terminará haciendo lo mismo que el Partido Socialista: apoyará a Alejandro Guillier.

Y lo hará no por sus convicciones o porque va a tener garantías de que un eventual gobierno de Guillier llevaría adelante un programa que responde a las propuestas de la DC. Lo hará por conveniencia.

Es más, y aquí me la estoy jugando, la DC apoyará a Guillier no en la segunda vuelta de la elección presidencial, sino en la primera. Vale decir dejará de lado su discurso de que sólo tiene sentido para la DC participar directamente en la elección presidencial con un candidato propio renunciando a las primarias de la Nueva Mayoría.

Carolina Goic no estará en la papeleta presidencial.

Y no estoy diciendo con esto que Ignacio Walker y Mariana Aylwin nos estén engañando con su discurso de que la DC no debe ir a las primarias sino directamente a la primera vuelta presidencial; lo que afirmo es que ellos perderán internamente en la Democracia Cristiana defendiendo esa posición. Perderán, como lo han hecho en todos los intentos por perfilar una DC con identidad propia, de centro y alejada de la izquierda radical.

Recordemos que Gutenberg Martínez viene hace tiempo sosteniendo esta tesis, que perdió contra Jorge Pizarro en las elecciones internas. Pizarro siguió siempre una línea de adhesión total a las políticas de Bachelet, desoyendo la tesis de Martínez de que la Nueva Mayoría era sólo una alianza electoral con fecha de vencimiento, y no una alianza política. Ha sostenido también recientemente la tesis de la identidad propia Genaro Arriagada, quien ha responsabilizado a la adhesión ciega al gobierno de Bachelet de la pérdida de cientos de miles de votos de la Democracia Cristiana.

Y perdió también la tesis de la identidad propia cuando Jorge Pizarro debió dejar la presidencia del partido por estar involucrado en el caso SQM y lo reemplazó Carolina Goic. El sector de Martínez, Walker y Mariana Aylwin tuvo que apoyar a Carolina Goic en la última elección de la DC porque la actual presidenta del partido tiene mayoría interna, tanto que el partido la nombró como precandidata presidencial.

Goic se muestra también muy cercana a Michelle Bachelet y en estos días sostiene reuniones con líderes políticos de la izquierda, reafirmando su alianza política con ellos. Si bien ha dicho que la derrota de Lagos en el Comité del PS aleja la posibilidad de competir en una primaria de la Nueva Mayoría, parece no haberlo descartado.

El problema de Carolina Goic, como el de Jorge Pizarro antes, es que la Democracia Cristiana se encuentra cautiva en una alianza que no le satisface plenamente, pero que le conviene en el corto plazo. Le conviene porque si sigue el camino propio en materia presidencial ya ha sido advertida por el Partido Radical de que no sería aceptada en la lista parlamentaria de la Nueva Mayoría. Si la DC va sola en la parlamentaria y todo el resto de la Nueva Mayoría (PS, PPD, PC, IC, MAS, PRSD) va en una sola lista, perderían un número significativo de diputados, según ha estimado el cientista político Mauricio Morales.

El costo de corto plazo ha sido más importante para la Democracia Cristiana que la merma sistemática de votos que ha ido desangrando al partido. Su falta de liderazgos nacionales es otro de los costos de largo plazo. Nadie que carezca de una identidad política propia puede pretender liderazgos duraderos.

Finalmente para la DC, igual que para el PS, las pegas son más fuertes.

 

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de LyD, publicada en El Mercurio.-