16 de marzo de 2017

Exportaciones y crecimiento económico

Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

Durante la última semana se ha intentado sumar al debate el impacto que el comportamiento de las exportaciones ha tenido en el crecimiento de nuestro país. Tomando las cifras de “exportaciones per cápita” se ha argumentado que el estancamiento de las mismas a partir del año 2008 constituyen una “deficiencia fundamental” para nuestro crecimiento.

Si bien es innegable que las exportaciones totales de nuestro país se han caído, y eso sin duda afecta el crecimiento del PIB, hay varios elementos que deben ser considerados.

Primero, hay una evolución común a nivel mundial de las exportaciones, en línea con la apertura comercial de los países y los tratados de libre comercio, entre otros. Según información del Banco Mundial, las exportaciones de bienes a nivel mundial crecieron un 15,3% promedio durante el período 1960-1980, al igual que Chile. Para el período 1980-2007, esta tasa bajó a 8,3% (11,3% en Chile) y luego volvió a caer a 3,12% para el período 2008-2015 (0% para Chile, con un decaimiento de 8,7% para el período 2014-2015). Es decir, el “frenazo” del último período es algo con que mundialmente se ha tenido que lidiar. Sin embargo el mundo crece… y nosotros lo hacemos muy pobremente.

Segundo, y aunque más vale tarde que nunca, ¿por qué recién ahora se argumenta que nuestro bajo crecimiento estaría tan relacionado con las bajas exportaciones “per cápita”? Parece razonable tener este punto en la agenda para el mediano plazo, sin embargo, hoy no es mucho lo que se pueda hacer al respecto y vamos por el cuarto año de crecimiento en torno al 2%.

Tercero, la inversión. La inversión en Chile ha caído. Y mucho. Pasó de crecer un promedio de 8% en el período 2000-2013 a ubicarse en un promedio de -3% durante 2014-2015. Esto también incide en el crecimiento y de forma importante. Además, es algo que está directamente relacionado con lo que pasa dentro de nuestras fronteras: reformas confusas y mal implementadas, lo que genera incertidumbre, enemiga número uno de la inversión. En este último aspecto, sin embargo, sí se puede reaccionar ahora, para que de una vez por todas hacerse cargo de nuestro mayor problema: el crecimiento económico. No es que deshaciendo las reformas se vaya a volver a crecer rápidamente, pues el daño ya está hecho, pero resulta importante recomponer confianzas, dando certezas y corrigiendo los malos diseños de política.

Respecto del crecimiento en Chile, estimaciones recientes muestran que en el 2016 habríamos crecido un pobre 1,5% anual, lo que sumado a los dos años anteriores (1,9 y 2,3% en 2014 y 2015, respectivamente), dan cuenta que Chile habría crecido sólo un 1,9% en los últimos tres años. Para 2017, en tanto, se esperan tasas de crecimiento de un máximo de 2%, sumando así cuatro años de un muy mal desempeño, nunca visto en la historia reciente de nuestro país.

Así, estamos frente a una fase de bajo crecimiento que comienza a ser persistente. Al respecto, es de común acuerdo que un período largo de bajo crecimiento dificulta la recuperación, la velocidad a la cual una economía puede recobrar su dinamismo y Chile no está acostumbrado a crecer al 2%.

Por lo tanto, más allá de buscar explicaciones novedosas, es de primera urgencia fijar como prioridad recuperar el ritmo de crecimiento económico; se debe actuar.

 

Columna de Carolina Grünwald, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Pulso.-