10 de marzo de 2017

Columna de Jorge Ramírez en Voces: “El purgatorio del refichaje”

Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

Los partidos políticos se encuentran nuevamente en el ojo del huracán. Han cimentando la semilla de la que podría ser su propia destrucción. Todo comenzó porque resignados al juicio crítico ciudadano, agobiados y desmoralizados frente a algunas poco decorosas actuaciones de sus pares, sucumbieron a los designios de una serie de personajes que en la opinión pública se erigieron como exégetas de la probidad: los intérpretes de la claves y designios de una nueva democracia más transparente y participativa. En buenas cuentas, los partidos redimirían todas sus culpas en el purgatorio del refichaje.

La aprobación del re fichaje como una disposición transitoria de la Ley 20.900 para el Fortalecimiento y la Transparencia de la Democracia fue presentada a la opinión pública como una de las piezas claves del engranaje para la recomposición de las alicaídas confianzas entre la ciudadanía y su elite político-dirigencial. Pero el resultado dista mucho de aquello. El sentido común y una mirada imparcial de la evidencia sugería que rigidizar, sobre-regular y complejizar los procesos de la vida interna partidaria harían que el ya deteriorado vínculo ciudadano/partido se viera aún más deprimido. A los partidos había que re insertarlos en la sociedad civil, no situarlos en el seno de una compleja maraña burocrática; había que dotarlos de autonomía y libertad para interpretar los designios de la ciudadanía, pero hoy los únicos que interpretan lo que los partidos pueden hacer o no, es el Servicio Electoral, mientras los ciudadanos han pasado a ser meros espectadores de un teatro de lo absurdo.

En esa lógica, se instalaron ideas que distorsionaron la realidad de las cosas. Sin ir más lejos, nadie duda que el problema de los padrones de militancia ficticiamente abultados constituyera una falta grave desde el punto de vista de la fe pública, pero los partidos políticos en una democracia en forma, se validan esencialmente por sus votos y no por sus registros de militantes. De hecho, un partido fantasma sería aquel que en lugar de votos tuviera militantes, y no viceversa. Con el nuevo escenario, el partido más votado de Chile a nivel de concejales como RN, podría dejar de existir, pero partidos con menos de un tercio de su votación podrán seguir operando, no porque cautiven más a la ciudadanía en las urnas, sino que porque son capaces de llevar más gente a firmar ante un notario o ministro de fe. Curioso.

En este contexto, contra las prevenciones y advertencias son nuevamente los políticos tradicionales quienes quedan en una posición desmejorada, tal y como en otros casos (véase la bullada Ley de Estacionamientos), por sobre regular, se genera un espiral creciente de expectativas, que luego se ven frustradas por la cruda realidad. Legislando a la rápida y sin mayor reflexión ni consideraciones de la aritmética más elemental, ¡imagine usted que con 10 partidos constituidos en Aysén, más del 15% de la ciudadanía de esa región tendría que ser militante de un partido político!

¿La solución? Desesperación de último minuto y ansiedad en la búsqueda de militantes frente al cumplimiento de la fecha del juicio final para las agrupaciones partidarias. Mientras tanto, los más pragmáticos ya esbozan una “salida institucional” vía ley express para otorgar un perdonazo. Como si los partidos pasaran por su mejor momento de adhesión y confianza ciudadana para premiarlos con una prórroga y omitiendo el hecho -no menor- de que partidos nuevos ya se constituyeron a nivel nacional con la misma exigencia de los partidos tradicionales. Una medida como ésta no sólo sería injusta para los actores nuevos, sino que también desacertada a la luz el momento político, puesto que solo agudizaría el fondo del problema, aumentando el descrédito y la desafección partidaria ¿Resultado? Políticos nuevamente pidiendo excusas y pagando culpas, en tiempos donde la misericordia es cada vez más escasa.

 

Columna de Jorge Ramírez, Coordinador del Programa Sociedad y Política de LyD, publicada en Voces de La Tercera.-