20 de Febrero de 2017

TOLEDO, REGALÓN DE LA IZQUIERDA

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Alejandro Toledo, ex Presidente del Perú, está prófugo. Lo acusan de haber recibido coimas de constructoras brasileñas. Las mismas que financiaron campañas presidenciales de izquierda en varios países de Latinoamérica, Chile incluido.

Toledo no solo fue preferido por las constructoras y el Partido de los Trabajadores de Brasil: fue el regalón de la izquierda chilena. Los socialistas y el PPD fueron instrumentales para su elección. Contraviniendo la prudencia y la ley, intervinieron en los asuntos internos de otro Estado, aportando al jefe de comunicaciones, a su principal asesor político, y lo acompañaron en su campaña en contra de Lourdes Flores y Alan García.

Agradecido, invitó, entre otros, al senador Girardi, a la senadora Allende y al Presidente Lagos a celebrar su inauguración en Machu Picchu.

Todos esperaban que bajo su mandato se iniciara una promisoria relación entre Chile y Perú. Sucedió lo contrario. Toledo se esforzó por tensionar los lazos bilaterales durante todo su mandato. Fue el peor período de convivencia entre ambos países en las últimas décadas, a diferencia de lo que había sido con Fujimori.

De nada sirvieron las visitas de Estado, las alfombras rojas, honores militares, condecoraciones, la detención de Fujimori en Santiago y la cautela diplomática frente a sus provocaciones. Incidentes menores como lamentables grafitis en ruinas peruanas, videos sobre ese país en los aviones de Lan y fotos de mochileros de supuestas instalaciones militares los transformó en conflictos de Estado y en paranoicas denuncias de espionaje. Lo mismo ocurrió con las investigaciones sobre narcotráfico y lavado de dinero a la difunta línea aérea AeroContinente, que luego fue liquidada por la justicia peruana, por esos mismos delitos. Fue Toledo el que promovió y decretó las líneas de base sobre territorio chileno para desencadenar la demanda de delimitación marítima, desconociendo el paralelo que pasa sobre el hito 1. Sus presiones y promoción de antichilenismos fueron persistentes, hasta que su sucesor, Alan García, recurriera a La Haya.

Si Toledo vuelve a Perú, será enjuiciado por cohecho y lavado de dinero por 20 millones de dólares, y podrá terminar en una celda contigua a la de Fujimori.

Habrá que aprender la lección de no entrometerse en la política interna de otros países, menos de uno vecino. La Concertación lo hizo doble y equivocadamente en Perú. Contribuyó a la elección de Alejandro Toledo, y a la extradición de Alberto Fujimori, que antes de aterrizar en Santiago no tuvo problemas para despegar desde México.

COLUMNA DE HERNÁN FELIPE ERRÁZURIZ, CONSEJERO DE LYD, EN EL MERCURIO