29 de diciembre de 2016

Las sorpresas del 2016 en política y lo que se espera para 2017

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Con el cierre de 2016 se inician los tiempos de balance. El cientista político y Coordinador del Programa Sociedad y Política de LyD, Jorge Ramírez, evalúa un convulsionado año político. “Esto implica un desafío en términos de la priorización de temáticas en una agenda donde los escándalos, el ajuste de piezas en el plano electoral y los desaciertos del Gobierno quedarán en la retina del anuario político 2016”, señala.

Para Ramírez, sin lugar a dudas, uno de los puntos más sorpresivos de 2016 fue la elección municipal. Remeciendo todas las expectativas, fue finalmente la oposición Chile Vamos quien obtuvo una valioso triunfo, superando a la Nueva Mayoría tanto en porcentaje de votos como en número de alcaldías, proyectando a partir de la conquista de las denominadas “batallas emblemáticas” como Santiago, Providencia, Ñuñoa y Maipú, entre otras, una imagen esperanzadora de unidad y solidez electoral de cara a los desafíos políticos de 2017, tanto en el plano parlamentario como presidencial.

Respecto de lo último, el cuadro presidencial se comenzó a dibujar en el presente año, con la irrupción de Ricardo Lagos como candidato del PPD. Sorpresa o no, la voluntad de Lagos contrasta con el escuálido apoyo que su nombre despierta en los estudios de opinión. En este marco, es la izquierda quien se ha mostrado más escéptica respecto de la viabilidad de su candidatura. “El sino de Lagos pasa porque el perfilamiento de su candidatura le impide ofrecer soluciones a los problemas que aquejan hoy a los chilenos, en la medida que se encuentra entrampado en ofrecer explicaciones por episodios críticos de su Gobierno como Transantiago, CAE, MOP Gate, entre otros”, explica el politólogo. Por otro lado, la principal amenaza de Lagos es Alejandro Guillier, otra “novedad” política de este año 2016. Guillier vino a llenar un espacio en la centro izquierda de la mano de una curiosa propuesta, donde su déficit programático es llenado con un capital simbólico de confianza (sustentado fundamentalmente en buenas cifras en las encuestas), pero que es a todas luces frágil e insuficiente para lo que demanda la institución presidencial. Pero el escenario se muestra aún más vertiginoso tras la irrupción de otras candidaturas en la Nueva Mayoría, que si bien, concitan menores niveles de respaldo popular, sí complejizan en extremo el proceso de nominación de un candidato único. Son los casos de José Miguel Insulza y Fernando Atria, entre otros. Mientras en la vereda contraria, el panorama parece más claro, con mayor unidad y convergencia programática, un aspecto a destacar dentro de los logros del presente año para Chile Vamos, conglomerado que supo re-articularse. Por último, otra novedad de 2016 en materia de re-alineamientos políticos pasa por el sinceramiento de las fuerzas de la “Nueva Izquierda” con Boric, Jackson y Sharp como sus principales dirigentes, de darle forma a un proyecto de izquierda abiertamente anticapitalista y con tintes populistas. “Ellos se proponen como fundamento de su acción política el articular el descontento, más que el darle solución efectiva a través de programas y propuestas a las problemáticas que aquejan a los sectores que se ven más postergados”, indica Ramírez.

Dentro de lo peor de 2016, es innegable que los escándalos asociados a las fallas del Estado en áreas tan sensibles como el Sename quedarán en la retina de la ciudadanía. “La sensación de impunidad relativa al actuar negligente de funcionarios y la precariedad de la estructura del servicio han permitido sensibilizarnos y poner por primera vez en la agenda un tema donde los afectados no operan en lógica de grupo de presión, no marchan, ni votan, siendo muchas veces invisibilizados por el juego político”, asegura Ramírez. Pero los abusos que se comenten desde el aparato del Estado se hicieron también patentes en episodios como el del “jubilazo”, donde una amplia red de funcionarios de Gendarmería hacían uso de una serie de subterfugios para abultar sus pensiones de jubilación de la mano de una auténtica ingeniería previsional. Para el cientista político, el anterior episodio fue uno de los puntos de inflexión para el surgimiento del “Movimiento No + AFP”, otra expresión de la demagogia y la estridencia política que se cristalizó en 2016, donde la tónica pasa por no asumir la responsabilidad por los efectos de posiciones ni planteamientos, otro punto negativo de 2016, pero que lamentablemente devino en tendencia.

Así las cosas, ¿qué expectativas se configuran para 2017 en el terreno político? En primer lugar, esperemos que el germen del populismo y la demagogia no logren impregnar aún más el discurso político. También sería deseable un mayor nivel de compromiso y responsabilidad cívica por parte de la ciudadanía, quienes deben entender que desentenderse de los asuntos públicos por la vía del abstencionismo electoral, no es el camino para dar forma a una democracia más robusta. Lo que está en juego es demasiado relevante como para prescindir de expresar sus opiniones y preferencias. “Por último, es necesario recomponer un clima de confianza que permita sustentar relaciones de dialogo y acuerdos como parte de las dinámicas propias de la política, de lo contrario, son las posiciones extremas las que se imponen, con los evidentes perjuicios en lo político, económico y social”, añade Ramírez.