17 de Noviembre de 2016

Columna de Luis Larraín en El Líbero: “En vez del populismo”

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Donald Trump es un populista efectivo. Realiza su tarea con destreza y obtuvo su premio: nada menos que la Presidencia de Estados Unidos. Hay muchos que quisieran imitarlo, pero está por verse si tienen su talento.

Ricardo Lagos decidió hace unos días hacer guiños a la izquierda dura para tratar de revertir su desmedrada situación en las encuestas. Como la CEP se daría a conocer a principios de diciembre, el trabajo en terreno está realizándose y Lagos necesita marcar puntos para evitar el temprano aborto de su candidatura presidencial.

Su desventaja frente a Alejandro Guillier, un candidato al que el populismo se le da con más facilidad, amenaza con dejar al ex Presidente sin piso. Pese a sus movidas para sacar de carrera a posibles aspirantes del socialismo, Lagos aún no logra siquiera el apoyo claro del PPD y el PS. Sin ellos no puede ni pensar en buscar la adhesión de la Democracia Cristiana y construir una mayoría política en la centroizquierda que le permita ser el abanderado en la próxima elección presidencial.

Así es como Lagos activó una entrada a temas contingentes con un inequívoco sello de izquierda dura y populista más encima. En materia de pensiones, se situó a la izquierda de Bachelet al proponer una cotización adicional de 5% que iría íntegramente a ser administrada por una institución del Estado. Lo que le interesó destacar fue que ni un punto de esa cotización será administrada por las AFP, contradiciendo a Rodrigo Valdés y a quienes en el gobierno han afirmado que la composición del 5% debe ser fruto de un consenso y que muy probablemente parte irá a las cuentas individuales administradas por las AFP y parte a un fondo solidario.

Lagos prefirió sumarse a la pulsión populista de No+AFP en lugar de analizar el tema desde un punto de vista técnico. De hecho, su propuesta no es compartida por dos ex Superintendentes de la época de la Concertación, como son Julio Bustamante y Alejandro Ferreiro. En su ansiedad, Lagos comete graves errores técnicos y uno podría presumir que se deben a que no consultó a los expertos afines, porque intuía que no estarían de acuerdo con él. Dice, por ejemplo, que entregar los fondos recaudados por el 5% a una administradora estatal sería más barato, ignorando que si se entregan a la administración de las AFP ésta tendría costo cero para los afiliados, pues la comisión que éstas cobran es función del sueldo y no de los fondos administrados.

¿Por qué Ricardo Lagos se alinea con Luis Mesina y Manuel Riesco, y no con Julio Bustamante o Alejandro Ferreiro en el tema de pensiones? ¿Considera acaso que los primeros tienen mejores credenciales técnicas y soluciones que los segundos? ¿Cree que con esa propuesta mejorará las pensiones?

En materia de aborto, el ex Presidente no se limita a apoyar la ley de aborto por tres causales presentada por el gobierno de Bachelet, que al menos tiene mayoría en su coalición política. En su cuenta de Twitter señaló: “Como hombre tengo que pedir permiso para hablar sobre el aborto. Ni nosotros ni el Estado podemos decidir sobre las mujeres y sus cuerpos”. Se suma de esta manera a la posición más radical, pues su argumentación admitiría el aborto en toda circunstancia. Y lo hace de una manera abiertamente populista, al negar la posibilidad de opinión siquiera a quien no sea mujer.

Al irrumpir de esta manera en el debate, Ricardo Lagos echa por tierra el objetivo de su aventura presidencial. Él la presentaba como una reivindicación de los gobiernos de la Concertación, donde las cosas se hacían seriamente y no respondiendo a las demandas de los grupos de presión más radicalizados. Si Lagos pretendía establecer una diferencia entre su gobierno y el de Bachelet, “salvando” de esta manera el nombre y el prestigio del socialismo chileno para la historia, al escoger esta estrategia populista abdica del propósito central de su candidatura. Guido Girardi se jacta, en entrevistas de prensa, de haber provocado este giro del ex Presidente.

Si Lagos persiste en este camino sólo estará oponiendo al populismo sonriente de Guillier la adusta figura de un populista enojado. Muy lejos del desparpajo y la destreza con que Donald Trump ejerce su oficio. Para eso es mejor saber perder bien.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libetad y Desarrollo, en El Líbero.-