29 de octubre de 2016

Columna de Luis Larraín: “Candidatos para perder”

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Luis Larraín Arroyo 2015Cuándo no se puede ganar una elección es mejor perder bien. Y perder bien en política consiste en quedar razonablemente posicionado para el futuro, porque esto no termina en la próxima elección.

Después de las municipales del domingo hay varios que está buscando el mejor candidato para perder. La Democracia Cristiana por de pronto, la fuerza política que más disminuyó su votación en las últimas elecciones. No es fácil la disyuntiva de la DC. Las alternativas que discute son básicamente dos: candidato propio en la primera vuelta presidencial o sumarse a alguno de la izquierda en una candidatura de la Nueva Mayoría o su continuadora legal.

El camino propio está cruzado por el síndrome Orrego: llevar un candidato que va a obtener el 4% de los votos, lo cual debilita la posición del partido al convertirla definitivamente en una fuerza menor de la política chilena. Es además un desastre para los candidatos a parlamentario del partido. Pues bien, de las alternativas que están disponibles, Ignacio Walker está destinado a obtener una votación con diferencias sólo milimétricas con Claudio Orrego.

Otros nombres que han circulado, como el de Jorge Burgos o Carolina Goic, podrían marcar algunos puntos más, pero en mi opinión no muchos más.

Así las cosas la única candidatura propia que tiene posibilidades de perder bien es la de Mariana Aylwin. ¿Estará ella dispuesta a competir si Ricardo Lagos es el candidato del eje PS-PPD?

Si el candidato es Guillier o alguien más a la izquierda, el camino propio de la DC, con la única candidata con que puede perder bien, se hace viable.

La alternativa de apoyar en la primera vuelta al candidato de la Nueva Mayoría atenta directamente contra la diferenciación y el perfil propio que muchos buscan en la DC como una forma de superar su pérdida de influencia en la política chilena. Pese a ello, hay en la DC fuerzas, que hasta ahora han ganado las luchas internas, que están dispuestos a llegar casi a la humillación para conservar los cargos en el gobierno. El problema es que si pierden, no será una fórmula para perder bien, especialmente si el candidato está muy a la izquierda lo que acentúa su des perfilamiento como fuerza de centro.

Lagos podría ser el único candidato que llevara a la DC a esa decisión, ir juntos en la primera vuelta, pero esa es una negociación bien compleja. Quienes afirman que Lagos tiene muy pocas posibilidades de ganar se resisten a apoyarlo, pero no deben olvidar que aquí estamos hablando de la posibilidad de perder bien.

Paradojalmente Ricardo Lagos puede terminar siendo el candidato de la centroizquierda, no porque lo quieran mucho, sino porque no tienen otro.

En la izquierda extra sistema, léase Boric, Jackson y Cía., también es importante perder bien. Para ellos eso significa llevar un candidato presidencial que no saque un número ridículo de votos (algunos rectores que han sido mencionados tienen ese riesgo) pero que tampoco se transforme en una opción para próximas elecciones, pues ese rol está reservado para los controladores. MEO, en su vida anterior, representaba ese riesgo. Fernando Atria podría dar con el perfil, pero sigue jugando su partido en la interna del Partido Socialista, quizás con la esperanza de pasar ya a las ligas mayores.

Y en la centroderecha también pueden darse decisiones en torno a la disyuntiva de perder bien. La hegemonía de Sebastián Piñera, al menos a estas alturas, no la discute nadie.  Pero hay quienes parecen dispuestos a perder con él en una primaria (Alberto Espina, Francisco Chahuán, Felipe Kast y no sabemos si alguien de la UDI) para dejar posicionados sus nombres: una forma de perder bien si sus votaciones no son demasiado bajas.

Quienes han manifestado su intención de competir en primera vuelta presidencial, como Manuel José Ossandón  y José Antonio Kast, podrían terminar perdiendo mal. Porque no tienen buenos argumentos para no participar en una primaria, con lo que estarían incurriendo en un pecado que la centroderecha perdona poco: atentar contra la unidad del sector, sobre todo si se vislumbra una posibilidad de ganar.

Columna de Luis Larraín, Director de Libertad y Desarrollo, en El Mercurio.-