30 de octubre de 2016

Columna de Hernán Büchi en El Mercurio: “Esta vez, es la política la que nos trae noticias”

Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

H BUCHIDado el enorme flujo de información en que estamos inmersos, en estas semanas no han faltado notas llamativas sobre la economía. A nivel mundial destacan las dudas sobre la solidez del Deutsche Bank y la depreciación de la libra esterlina ante rumores de un Brexit “duro”, pero en esencia el desempeño de la economía global se mantiene: el crecimiento para el año estará marginalmente sobre el 3% y levemente mejor en el 2017. Estos últimos meses indican una suave aceleración – el dato reciente de 2,9% del crecimiento en el 3er trimestre en EE.UU. lo confirma. Ello, unido a una normalización de la inflación mundial de niveles que bordeaban la deflación, augura un mejor panorama para las posibilidades y deseos de invertir de las empresas, reforzando así el ciclo.

A pesar que el crecimiento de tendencia de la economía norteamericana parece haber disminuido, Estados Unidos está en una etapa de recuperación y es muy probable que en diciembre la Reserva Federal inicie un proceso, pausado pero definido, de alza de tasas. Ante ello hay riesgo que se genere un período de volatilidad en los mercados pues las tasas a 10 ó 30 años están en niveles históricamente bajos, lo que indicaría que los agentes no creen que la FED actúe luego.

La economía europea sigue marchando lento, mientras China ha logrado desacelerarse sin sobresaltos, superando simultáneamente las inquietudes gatilladas cuando inició la depreciación de su moneda. Finalmente el ambiente en Latinoamérica mejora desde los deprimidos niveles en que cayó junto con el desplome de los commodities. Los mercados de valores y las monedas han rebotado con fuerza – el real brasilero pasó de un nivel mínimo de 4,12 R/US a 3,15 R/US hoy. Sin duda el proceso ha sido facilitado por la estabilización del precio de las materias primas. Y en lo local las cifras sobre la economía chilena obsesionan a nuestros analistas que intentan detectar cambios de tendencia en la realidad económica del país.

Sin embargo es en el plano político donde se dan noticias y episodios que pueden tener un fuerte impacto.

En pocos días más EE.UU. elige Presidente, renueva la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. El resultado también determinará el equilibrio en la Corte Suprema, donde existe una vacante luego de la muerte del juez Scalia en febrero pasado. La presencia de Bernie Sanders en las primarias demócratas y el particular carácter del candidato republicano han dado gran dramatismo a esta elección y podrían tener un impacto relevante para el futuro del país del norte. Dado que las encuestas le dan una ventaja a la señora Clinton, será clave que los resultados electorales permitan que el Congreso siga haciendo de contrapeso del Poder Ejecutivo. En el momento actual, en que la tecnología permite que la ebullición de ideas haya alcanzado un nivel global e instantáneo, es importantísimo que EE.UU. siga siendo un baluarte de libertad y creatividad para facilitar que energías innovadoras se canalicen para catapultar el progreso y el bienestar a nivel global.

Las negociaciones políticas sobre el Brexit también marcarán un hito, aunque el tiempo en que ocurrirán no se cuenta en días sino meses. Si el alma de la Unión Europea es de libertad, incluida la de circulación de bienes y capitales, debiera ser relativamente fácil lograr un acuerdo. Lenguajes como “negociar el acceso a sus mercados” son disonantes y tienen reminiscencias por nosotros conocidas en el Pacto Andino o el Mercosur, y de triste evolución. Es posible llegar a un acuerdo en que todos ganen, requiriendo del Reino Unido un razonable comportamiento sobre el libre flujo de personas pero permitiendo limitaciones a los movimientos irrestrictos en que primen las conveniencias de aprovecharse y arbitrar entre beneficios sociales. Pero si la discusión se enrarece para dar un escarmiento a quienes desean escapar de la burocracia de Bruselas, el costo para el continente y el mundo será grande.

Volviendo a Chile – ya lo dijimos – el flujo de datos es cuantioso. Las recientes cifras del crecimiento del comercio de 7,4% el mes pasado según el INE, alimentan a los optimistas. La caída de 24,4% de la importación de bienes de capital en el mismo mes refuerza la opinión de los que no detectan los brotes verdes que la autoridad añora. Las últimas cifras de desempleo del INE para el 3° trimestre, de 6,8%, no justifican la esperanza de ver un quiebre de tendencia favorable en nuestro magro desempeño. El empleo asalariado respecto a igual fecha del año 2015, disminuye.

La realidad es que la primavera en materias económicas aún no llega, y el país sigue languideciendo en torno al 2% de avance. El peligro adicional es que la frustración de quienes desean ir más rápido – potenciada por lo ciclos políticos como la campaña presidencial ya lanzada – termine empujándonos por el camino del populismo. La intolerancia de los funcionarios públicos que rechazan el reajuste, castigando a la ciudadanía con sus huelgas, ciudadanía a la que ellos mismos multarán con severidad cuando no pueda cumplir alguna obligación, es un símbolo de descontrol. Tampoco son alentadoras las cifras entregadas por la autoridad con motivo de la presentación del presupuesto 2017, ya que considerando los gastos comprometidos el déficit estructural que se impuso se excede en forma creciente hasta superar los US$ 700 millones el año 2020.

Pero si la economía y los políticos no permiten alentar esperanzas, los resultados de la elección del domingo pasado sí. Sea absteniéndose o votando por alternativas, la ciudadanía no respaldó a un gobierno que se ha propuesto refundar al país con inspiraciones equivocadas y peor ejecución. Ello permite avizorar un camino para corregir desaciertos y liberar nuevamente las energías creativas latentes. Es solo una luz de esperanza, pues falta la difícil tarea de aunar voluntades y aclarar las ideas para volver a la ruta de progreso. Pero ello basta para ilusionarse.

Afortunadamente estamos todavía en mucho mejor pie que países como la Argentina, Brasil o Venezuela que quieren partir de nuevo o deberán hacerlo. Solo falta confiar otra vez en la creatividad y capacidad de emprender de nuestro pueblo, como lo hicimos en los ´90, cuando avanzamos a grandes pasos en todo orden – incremento del bienestar, reducción de la pobreza y aumento en el volumen de ingresos fiscales.

Para ello el gobierno debe volver a tener un rol de cooperación y no de desconfianza y castigo frente a los ciudadanos. La paradoja de ideólogos y funcionarios que se creen superiores y amedrentan a los emprendedores – pero que como en el caso del Servel, el Registro Civil y el padrón electoral muestran su incompetencia – debe ser sustituida por una cabal comprensión de sus propias limitaciones y un esfuerzo por facilitar el progreso. Si ese cambio se produce el quiebre de tendencia será realidad y sin darnos cuenta entraremos en un nuevo círculo virtuoso. Los argumentos de esperanza de un futuro mejor, como lo anhela el gobierno, no los encontramos hoy en los datos económicos sino, paradójicamente, en el bajo apoyo de los electores a ese mismo gobierno.

Columna de Hernán Büchi, Consejero de Libertad y Desarrollo, en El Mercurio.-