23 de mayo de 2016

Recuperar el crecimiento: Rehacer la obra gruesa

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CeciliaCifuentes (2)El crecimiento de 2% del primer trimestre generó alivio, y hasta caras alegres ¡no estamos tan mal! dijeron algunos. Ese sólo hecho es una señal muy preocupante en pro de mejores resultados a futuro.

Un 2% de aumento del PIB con una población económicamente activa que crece al 1,7% es un muy mal resultado, y no puede dejar a nadie contento. Es cierto que el gobierno ahora dedica parte de sus discursos al crecimiento y lo señala como una prioridad, pero el que las expectativas de los inversionistas sigan en el suelo, y las proyecciones de los analistas no levanten cabeza, muestra que hablar de la productividad es insuficiente. Se podría decir entonces que al mandar un proyecto de ley con 22 medidas pro-productividad, el gobierno no se queda sólo en el discurso, no obstante si la intención es dar una señal potente, las medidas que hemos conocido son claramente insuficientes. Hay que decir que estas  van en la dirección correcta, y forman parte de lo que debería ser la política permanente de un gobierno, en el sentido de ir adaptando la normativa a las exigencias de una economía dinámica e inserta en el mundo.

El problema es que en la presentación de este paquete de medidas al Congreso, el Ministro de Hacienda señaló que ya no existen espacios para aumentos de productividad con las recetas conocidas que seguíamos hace 20 o 30 años, y que ahora las medidas necesarias son menos evidentes. Discrepo, por cuanto ese razonamiento no considera la fuerte caída que ha mostrado el ahorro y la inversión, variables que están en la esencia de lograr mayor crecimiento. En el último par de años la tasa de ahorro nacional ha caído más de dos puntos, al igual que la tasa de inversión, siendo los niveles actuales insuficientes para recuperar las tasas de crecimiento históricas. Algo similar ocurre con la productividad del trabajo, que lleva dos años prácticamente estancada. Recuperar el dinamismo de la actividad exige  considerar primero los fundamentos, las recetas tradicionales; ahorrar, invertir y aumentar la productividad del trabajo. Las medidas micro ayudan, pero no revierten lo que ha ocurrido con las variables esenciales.

Es aquí donde nos encontramos con el problema de fondo, ya que las reformas que se han implementado y se siguen discutiendo, atentan en contra del crecimiento, del ahorro, de la inversión y de la productividad laboral, y mientras no se reviertan, o al menos corrijan en algún grado, el gobierno no se reencontrará con una economía más dinámica. Para fomentar el ahorro y la inversión son fundamentales normas tributarias que lo promuevan, junto con estabilidad en las reglas del juego. En cambio, tenemos un nuevo sistema tributario no sólo muy complejo, sino con escasos incentivos a la reinversión de utilidades. Por si eso fuera poco, el mensaje oficial ha puesto bajo sospecha de ilegitimidad la actividad privada rentable, vía una amenaza implícita de expropiar por la vía legislativa y/o reglamentaria cualquier retorno que parezca excesivo. En este contexto, el desplome de la inversión y el ahorro eran predecibles e inevitables. Algo similar ocurre con la productividad del trabajo, con una reforma laboral cuya esencia es mejorar las remuneraciones de los trabajadores sindicalizados sólo por su mayor poder de presión, desvinculado de su aporte a los resultados. La lógica de entender la relación laboral como un conflicto permanente entre capital y trabajo, en vez de mirarlos como colaborativos en  el desarrollo de la empresa, deja de lado que una mejoría permanente de la situación de los trabajadores sólo es posible en un contexto de desarrollo productivo y crecimiento de las utilidades.

Pero eso no es todo, la Nueva Mayoría olvidó también que el Estado es finalmente “accionista” de las empresas a través de los impuestos, y es su participación en las utilidades y en las ventas lo que le permite entregar más y mejores beneficios a la población. Ahora se empieza a dar cuenta que las promesas son incumplibles, pero ya parece demasiado tarde.

En definitiva, recuperar el crecimiento es incompatible con esta “obra gruesa” con daños en sus fundamentos, y sólo es posible corregir el rumbo futuro usando ahora la maquinaria para corregir los pilares estructurales.

Columna de Cecilia Cifuentes, Economista Senior del Programa Económico de Libertad y Desarrollo, en El Líbero.-