3 de abril de 2016

Columna de Francisco Klapp en El Demócrata: “Autocomplacientes”

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La debilidad de la economía mundial y la mayor volatilidad en los mercados financieros globales han generado, sin duda, un deterioro de las expectativas económicas. Pero el clima de negocios en Chile también se ha visto afectado por la discusión que hemos tenido desde hace varios años respecto de qué cambios debemos realizar para hacer frente a los desafíos que nos plantea ser un país de ingreso medio en el siglo XXI y aspirar a ser desarrollado en el menor tiempo posible. Sería, en mi opinión, autocomplaciente echarle la culpa de todos nuestros problemas al escenario externo más adverso”.[i]

F klappEstas palabras, en el cauto estilo de las comunicaciones del Banco Central (BCCh), fueron pronunciadas por su Presidente Rodrigo Vergara en la tradicional presentación a la Comisión de Hacienda del Senado del último Informe de Política Monetaria (IPoM). Como era de esperarse, los medios rápidamente reprodujeron estas frases, porque más allá de la cautela y cordialidad, el mensaje es claro: la insistencia del Gobierno -y sectores afines- en que la totalidad del bajón económico se explica por factores externos carece de sustento y abunda en voluntarismo.

Un primer elemento que invita a dudar de que todo se deba a factores externos que afectan a todas las economías emergentes y, especialmente, a las exportadoras de materias primas, es observar el desempeño y las perspectivas de economías relativamente comparables, como por ejemplo los miembros de la Alianza del Pacifico -Perú, Colombia, México-, especialmente tras el fin del súper-ciclo de los commodities.

Los datos son claros: Chile, en general, crecía durante décadas a una tasa mayor que los otros miembros de la Alianza del Pacífico (2,7 puntos más en 1990-2002; 0,5 puntos más en 2003-2010), esto incluso en el período en que el cobre –y otros no energéticos- ya había comenzado a desplomarse, pero los hidrocarburos -relevante exportación para México y Colombia- aún se mantenían altos y estables (0,4 puntos más para Chile entre 2011 y 2013).

Nuestro marcado peor desempeño respecto de la Alianza se acentúa recién en 2014, lo que en parte puede responder a rezagos en la inversión minera, que mantuvo alta la actividad. Sin embargo, desde 2014 el precio de los hidrocarburos se desploma, lo que debería haber mitigado la eventual y esperable caída relativa, pues Chile, de acuerdo a documentos recientes de FMI es –junto con India- uno de los potencialmente más beneficiados por la caída de precios del petróleo, mientras que México y Colombia, a la inversa, deberían verse especialmente perjudicados, lo que no se verifica en las proyecciones y datos recientes, que hablan de un crecimiento 0,7 puntos menor cada año para Chile entre 2014 y 2017.

Complementario a lo anterior, el mismo FMI en su World Economic Outlook[ii], dedica un capítulo a las perspectivas de crecimiento de los exportadores de commodities, y estima que en general el pobre panorama para las materias primas debería sustraer un punto anual de crecimiento en el periodo 2015-2017 en comparación a lo observado en 2012-2014, algo que en Chile ha sido bastante más marcado.

Otra forma de evaluar nuestro desempeño, más allá de las comparaciones regionales, es testear directamente si la desaceleración responde a factores externos o internos, que es precisamente lo realizado por el mismísimo BCCh en junio de 2015[iii]. En concreto, el BCCh se aproxima a la relación confianza-inversión a través de un enfoque con datos macro y otro con datos a nivel de empresas individuales.

A nivel agregado, estudia cómo el ciclo mundial y variables macro domésticas -la confianza y la incertidumbre- contribuyen al componente cíclico de la inversión en Chile, utilizando especificaciones alternativas (controlando por el ciclo mundial de inversión minera del cobre) con resultados sumamente decidores. Mientras en la caída de la inversión total de 2009-2010, el ciclo externo explicaba entre un 64% y un 83% de la caída en la inversión y el cambio en la confianza de hecho moderó la caída; en el ciclo actual, entre un 3% y un 4% de la caída es atribuible al ciclo externo, mientras que entre un 23% y un 87% se explicaría por una disminución de la confianza.

En cuanto al enfoque micro, utilizando un panel de 51 firmas que reportan sus balances a la Superintendencia de Valores y Seguros y los datos para cada una de ellas del Índice Mensual de Confianza Empresarial, el BCCh obtiene resultados consistentes con la evidencia macro: un deterioro de la confianza implica una caída en la inversión de alrededor de 8%, cuantitativamente similar a la caída cíclica de la inversión en 2014.

En fin, si bien es evidente que las condiciones externas han dificultado la situación, Chile ha sido durante años “el alumno aventajado” de la región, algo que hoy ya no parece nada claro, producto de un Gobierno intransigente en seguir políticas opuestas al crecimiento económico, y que de manera autocomplaciente nos dice que simplemente estamos tan mal  como  el resto –lo que como vimos es cuestionable- por lo que no hay para que cambiar el rumbo.


 

[i]http://www.bcentral.cl/es/faces/bcentral/difusionyprensa/presentaciones/consejeros?_afrLoop=4821060762525&_afrWindowMode=0&_afrWindowId=1c4rzbm7lp_1#!%40%40%3F_afrWindowId%3D1c4rzbm7lp_1%26_afrLoop%3D4821060762525%26_afrWindowMode%3D0%26_adf.ctrl-state%3D1c4rzbm7lp_194

[ii] http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2015/02/

[iii] Confianza, Incertidumbre e Inversión en Chile: Evidencia Macro y Micro de la Encuesta IMCE, Minuta Citada en IPOM de Junio 2015, Elias Albagli y  Emiliano Lutinni.