14 de marzo de 2016

Juan Andrés Fontaine en Pulso: “Lo que más podría dañar el crecimiento es que el BC no esté debidamente comprometido en la reducción de la inflación”

JAF PULSOLas recientes encuestas, tanto de Operadores Financieros como de Expectativas Económicas del Banco Central (BC), prevén que el instituto emisor realice sólo un alza adicional de la Tasa de Política Monetaria (TPM) este año. Sin embargo, el consejero de Libertad y Desarrollo (LyD), Juan Andrés Fontaine, desafía esa visión mayoritaria del mercado. Para él, aún debe haber tres incrementos más del tipo rector en 2016 -a 4,25%-, de la mano del ajuste de la Fed, el que a su juicio tampoco se detendrá. ¿La razón? Sobre todo que las presiones inflacionarias de demanda “siguen sorprendentemente altas” en Chile.

También analiza las iniciativas del Gobierno que pretenden impulsar la productividad y entrega su visión del caso Longueira-SQM, dada su calidad de firmante del proyecto de alza del royalty minero en 2010, en su rol de ministro de Economía de la época.

En diciembre usted esperaba que el BC subiera la TPM en cuatro oportunidades este año, versus dos del mercado. Ahora, este último sólo ve un alza debido al deterioro externo, ¿usted también modificó su proyección?

En Chile hay dos aspectos a considerar en este análisis. Uno, el factor externo que influye en la inflación a través de una apreciación del dólar y, en ese sentido, la expectativa de que la Reserva Federal (Fed) siga subiendo su tasa de interés está vigente, puesto que las condiciones macroeconómicas para EEUU sugieren que la Fed mantenga su calendario de incrementos. Si eso sucede y en Chile no se sigue esa misma trayectoria monetaria, el dólar podría subir afectando los precios internos.

¿Y a nivel interno?

Ese es el otro elemento a considerar, ya que las presiones inflacionarias de demanda, como por ejemplo las de tipo salarial, siguen sorprendentemente altas, puesto que el grado de moderación ha sido muy menor, y por ello la inflación subyacente de servicios está relativamente fuerte, en torno a 5%. Por tal razón la estrategia más probable es que el BC siga a la Fed en este giro levemente restrictivo de alza de tasas.

Entonces en su escenario base, ¿cuál es la trayectoria que ve ahora para la TPM en Chile?

Con la información disponible hasta el momento es razonable esperar tres alzas de la TPM durante 2016.

Algunos analistas han planteado como opción que el BC suba la tasa de interés una vez más pronto, y luego mantenerla en 3,75% el resto de año.

No veo condiciones para cerrar el proceso de alzas de la tasa de interés mientras no existan señales claras de que la inflación subyacente se haya moderado, y esto hasta el momento no se observa. En cuanto a si debe subir en marzo o no, depende de lo que haga la Fed.

¿No ve señales de una pronta moderación de la inflación? 

Esta estrategia monetaria que estamos esperando debería llevar a la inflación subyacente bajo 4% hacia fines de año, para luego ir acercándose a 3% en 2017. Será un proceso lento, ya que sabemos que la política monetaria tarda en surtir efecto.

En entrevistas anteriores usted ha sido crítico de la estrategia monetaria del BC, especialmente en el proceso de baja de la TPM. ¿Mantiene ese juicio a la luz de los resultados inflacionarios?

El diagnóstico del BC falló en dos aspectos. Por un lado, subestimó la magnitud del traspaso del alza del dólar a precios internos basado en ciertos modelos econométricos que probablemente se realizaron cuando las condiciones eran diferentes a las actuales. Por ello, mi visión siempre fue que la fuerte alza que estaba mostrando el dólar en Chile iba a tener un impacto mayor al que consideraba el BC.

¿Y el segundo aspecto?

El segundo aspecto es que el BC, al igual que muchos analistas internos, ha pasado por alto la persistente inflación de servicios, de salarios,  de bienes no transables que ha tenido Chile en toda la última década, lo cual pasó desapercibido porque el dólar se había mantenido bajo. Esa inflación ahora afloró producto de la apreciación. Por eso he planteado sistemáticamente que el BC debió ser más cuidadoso en su política monetaria. Todo esto se refleja tanto en la tasa de interés como en los agregados monetarios, que curiosamente han dejado de estar en el debate, pero que en sus tres dimensiones M1, M2 y M3, han estado creciendo a tasas de dos dígitos. No me extraña que con esta expansión monetaria haya una presión inflacionaria significativa sobre los bienes no transables.

¿Sería un error entonces si en el Informe de Política Monetaria de marzo el BC modera el sesgo monetario a uno menos restrictivo?

El BC debe mantener una señal de que irá subiendo la tasa de interés suavemente este año, y eso es compatible con lo que planteará la Fed.

¿Estas alzas de la TPM podrían afectar de alguna manera el crecimiento económico?

Lo que más podría dañar el crecimiento es que el BC no esté debidamente comprometido en la reducción de la inflación.

Crecimiento y ajuste fiscal

¿Con el Imacec de 0,3% de enero se comienza a perfilar con mayor seguridad que el crecimiento del PIB 2016 estará bajo 2%?

Es efectivo que hay un consenso acerca de que el crecimiento de este año podría ser inferior a 2%, visión que comparto, pues mi proyección fluctúa entre 1,5% y 2%. Esto no está asociado específicamente al Imacec de 0,3% de enero, sino más a que las expectativas de los consumidores y de los empresarios se mantienen en terreno negativo y por lo demás no se ven señales de cambios en las políticas económicas del Gobierno. A todo esto se suma el deterioro de las condiciones externas.

Desde que asumió el ministro Rodrigo Valdés ha enfatizado en la necesidad de  enfocarse en el crecimiento, sin embargo ese mensaje no se ha reflejado en una mejora en las expectativas. 

Desgraciadamente no. El ministro ha reiterado la importancia del crecimiento económico, pero eso no se ha traducido en decisiones específicas de políticas económicas y no se ha enmendado el rumbo de aquellas medidas que son anti crecimiento y que son parte de la agenda legislativa.

En ese sentido, ¿cómo ve el comportamiento de la inversión y el consumo para este año?

La inversión ya tocó fondo y por ello estará bastante plana. En el caso del consumo estoy más sorprendido, ya que se observa una permanente caída en las expectativas de los consumidores, no obstante, no se ve una baja tan pronunciada en las ventas del comercio. En eso ha ayudado el hecho de que el empleo se mantenga estable y los salarios subiendo, pero esto debiera ir cediendo durante el año y, por ende, es probable que el consumo tenga un comportamiento peor este 2016 que durante 2015.

¿Qué le pareció el ajuste fiscal anunciado por Valdés?

Celebro la señal que ha dado el ministro de Hacienda de introducir esta rectificación al Presupuesto de este año, pero lamento el procedimiento. Cuando se hizo el erario fiscal ya se sabía que el cobre de largo plazo y el PIB potencial eran menores a los que se presentaron, por ello, esta actualización es algo tardía y da una señal de improvisación.

¿Este ajuste fiscal cambia la trayectoria hacia un balance estructural?

Lo más importante es la decisión del ministro de llamar al comité de expertos del cobre para revisar el precio de largo plazo, porque eso altera la visión que tenemos a futuro de la política fiscal. Además, aparentemente tendremos un cambio que aún no se ha informado de un menor PIB potencial. Esas dos modificaciones dejan obsoleta la proyección fiscal para 2019 realizada por el Gobierno ante el Congreso. Esto es algo que las clasificadoras de riesgo miran con atención, porque más que la posición fiscal del año, lo que importa es la trayectoria a futuro.

¿Ve riesgos de que la clasificación de Chile cambie?

Las clasificadoras están a la espera de que el Gobierno clarifique la nueva trayectoria fiscal de mediano plazo, porque en estos momentos hay una trayectoria que no calza considerando los gastos comprometidos asociados al programa.

¿Cuál es el balance que hace de la Reforma Laboral? 

Estoy decepcionado con lo que ha pasado en esta materia, porque era la oportunidad para mostrar una Reforma Laboral que modernizara la legislación. Es un paso atrás en la competitividad de las empresas, en la capacidad de generar empleo de buena calidad y en configurar una sociedad más equitativa.

Año de la Productividad: “El desafío del Gobierno es transformar el eslogan en una realidad y hasta ahora no hay nada”

¿Cuál es su juicio respecto a que la productividad se haya vuelto nuestro Talón de Aquiles?

El crecimiento de la productividad está muy asociado a la inversión, pues ésta normalmente se radica en sectores con nuevas ideas,  nueva tecnología y  nuevos modelos empresariales. Un tema sustancial hoy respecto de la inversión es el clima de incertidumbre asociado al programa de Gobierno, tanto de los grandes temas como el tributario, laboral y constitucional, como de temas sectoriales, como el Código de Aguas para la agricultura. Casi todos los sectores productivos tienen un tema importante que está dependiendo de una definición y, en consecuencia,  se paraliza la inversión.

¿Ante esto, qué debería hacer el Gobierno? 

Cuando los gobiernos dan señales positivas, aún cuando haya enormes incertidumbres de carácter político interno o financiero internacional, el sector empresarial y los  emprendedores responden. El ministro Máximo Pacheco ha dado unas cuantas señales en materia de la Agenda de Energía y se ha destrabado, en parte, la inversión del sector. Entonces, lo mismo podría pasar en Obras Públicas y demás sectores si es que viéramos una agenda que realmente atendiera los problemas. Aunque creo que el ministro Rodrigo Valdés ha planteado correctamente el deseo de que los sectores de servicios  tomen un mayor liderazgo.

¿Pero a nivel microeconómico cómo se puede avanzar?

Hay toda una agenda pendiente de medidas, tanto de carácter transversal, como de sectores específicos, muchas de las cuales eran parte de la Agenda de Impulso Competitivo del Gobierno anterior. Entre ellas se encuentra retomar el tema de  facilitación para la creación y el desarrollo de las empresas; revisar las autorizaciones sanitarias, los permisos de edificación, y una cantidad de otros trámites que impiden que se creen suficientes empresas o que las creadas puedan crecer.

¿Qué le parece la creación de la Comisión Nacional para la Productividad? 

Me parece interesante que exista una Comisión que asesore al Gobierno en esta materia, pero es un error pensar que nuestro problema tenga que ver con la falta de una institucionalidad adecuada.

¿Qué es lo que de verdad permite avanzar entonces? 

Aquí lo que falta es voluntad política para poner como prioridad de la agenda estos temas, porque los cambios tienen costos. Incluso me tocó vivirlo con un Gobierno pro crecimiento, como el  anterior, porque estas medidas alteran el statu quo y eso perjudica ciertos intereses, sean económicos, empresariales gremiales, políticos, sindicales, etcétera. En el caso del Gobierno actual significaría cambiar el rumbo en cuanto a desactivar ciertas fuentes de incertidumbre activadas por  las políticas que  ha propuesto.

¿Y no ayuda la señal del Gobierno de lanzar 2016 como el Año de Productividad?

El desafío del Gobierno es transformar el eslogan en una realidad y hasta ahora no hay nada que  se pueda exhibir como constatación de cambios verdaderos. Ahora, no es necesario que las medidas estén 100% implementadas. Muchas veces los empresarios y emprendedores se la juegan antes que las políticas ocurran, en la medida que tienen confianza de que vienen,  pero es difícil que el discurso de las autoridades conduzca a esa confianza si simultáneamente se están promoviendo medidas anti crecimiento.