27 de julio de 2015

Reforma laboral: ¿los mismos de siempre con las amenazas de siempre?

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Cecilia CifuentesEstá por aprobarse el cambio más profundo a la legislación laboral desde el retorno a la democracia, que abarca una redefinición completa de los derechos laborales colectivos, ampliando de forma significativa el poder de los dirigentes sindicales. Economistas de variados sectores, abogados laboralistas, agrupaciones empresariales y centros de estudio hemos señalado reiteradamente que esta reforma tendrá efectos negativos en el empleo, la productividad y el crecimiento de la economía. Esta preocupación cobra especial importancia en el contexto actual, de una economía estancada, a pesar de que las herramientas fiscal y monetaria son fuertemente expansivas y no queda espacio para que lo sigan siendo.

Los defensores de esta reforma han señalado que ya “están los mismos de siempre con las amenazas de siempre, y como siempre se van a equivocar, ya que finalmente no pasa nada”. Esto, producto de que frente a muchos cambios que se han hecho en materia laboral se han anunciado efectos negativos que finalmente no se habrían dado. Sin embargo, ¿es efectivo que nada ha pasado con las reformas laborales que se han aprobado anteriormente? Un hecho es evidente e indesmentible: en las últimas dos décadas el crecimiento de tendencia de la economía chilena se ha reducido de niveles de 6% a menos de 3% anual, si se deja fuera el largo período del boom minero que ya finalizó. ¿Tres o cuatro puntos menos de crecimiento anual son nada? El que afirme eso, desconoce absolutamente la causa principal de la mejoría en bienestar de la sociedad, porque si hay algo positivo que rescatar de la difícil situación actual, es que se ha vuelto a reconocer la importancia del crecimiento económico. Falta ahora que se tomen medidas para lograrlo y se eviten o se morigeren las políticas que lo dañan.

Es evidente que la caída en el crecimiento de tendencia de las últimas dos décadas no se debe sólo a la política laboral, pero es igualmente cierto que en esta materia se hizo muy poco en pro de la productividad y la inclusión de los grupos más vulnerables, mientras se tomaban medidas que encarecían la contratación formal e indefinida. Esto queda claro al señalar, por ejemplo, que en los últimos 25 años el salario mínimo ha subido un 164% real, mientras que la productividad media sólo lo ha hecho un 83%. No se trata de que no se pueda avanzar en materia de derechos laborales, pero si eso no es acompañado de otras políticas que fomenten la productividad, en el mediano plazo los efectos son evidentes: los sectores vulnerables quedan excluidos del mercado laboral, se reduce el crecimiento de tendencia y el costo de esos mayores derechos los terminan pagando los propios trabajadores. Nada se ha hecho en materia de indemnizaciones, a pesar de los costos de despido en Chile están dentro de los más altos del mundo. Tampoco se han tomado medidas efectivas para incentivar la contratación de jóvenes y mujeres, mientras se encarece la contratación de estas últimas con un post natal más largo y con la mantención de una incorrecta legislación de sala cuna. Por último, la política laboral de mayor importancia en pro de la productividad, la capacitación, sigue enfrentando serios problemas.

Si en este contexto agregamos ahora la generación de monopolios sindicales, que a través de la huelga van a tener un poder incontrarrestable frente a sus empleadores e incluso frente a los ciudadanos, sin que nuevamente se tomen medidas para aumentar la productividad de los trabajadores, el resultado será indudable: un grupo pequeño de trabajadores tendrá un beneficio de corto plazo, a costa de otros trabajadores más vulnerables, y en el mediano plazo, a costa de un menor nivel de crecimiento de la economía.

Columna de Cecilia Cifuentes, Economista Senior de LyD, publicada en El Líbero.-