2 de julio de 2015

Juan Andrés Fontaine en El Mercurio: “La vereda opuesta”

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JUAN ANDRES FONTAINE LYD WEBLa economía se frena. Ministros y dirigentes políticos advierten que hay que reanimar la alicaída economía, que el reverenciado programa de gobierno ha resultado inesperadamente costoso y más vale priorizar o graduar los cambios. La popularidad de la Presidenta Bachelet y sus reformas se desploma. Mientras tanto, ¿qué pasa con la oposición?

No le ha sido fácil a la Alianza rearmarse tras el sonado fracaso electoral del 2013. Además, el escándalo de las “platas políticas” ha acentuado la desmoralización. Sin embargo, soplan vientos que pueden serle favorables.

La aplastante victoria de la Presidenta Bachelet no se explica por un súbito giro hacia la izquierda de la ciudadanía, sino por su decisión estratégica de abandonar la seriedad que había caracterizado a la Concertación y abrazar un programa abiertamente demagógico. Como demuestran los actuales llamados a la moderación de las demandas y a la prudencia fiscal, su propuesta era simplemente inviable. No era posible dar educación gratuita y de calidad para (casi) todos, financiada con los impuestos que pagarían solo los “poderosos de siempre”. No era posible elevar en 3% del PIB la carga tributaria, recargar de regulaciones a las más variadas actividades y amenazar la protección a la propiedad privada, sin desalentar la inversión, el empleo y el crecimiento de los ingresos. El estropicio causado a nadie debería sorprender.

Lo interesante es la velocidad e intensidad de la reacción de la ciudadanía. En las encuestas, la popularidad de las reformas estelares del Gobierno cae como piedra. El alza de impuestos -que antes muchos esgrimían como sinónimo de sensibilidad social- es repudiada porque hiere a la clase media. Las justamente apreciadas libertades de elegir y emprender se ven amagadas por el estatismo que trasunta la iniciativa educacional y otros proyectos. Los abusos y conflictos a que puede conducirnos una reforma laboral que propugna endurecer la mano de los sindicatos se insinúan ya en una dañina proliferación de las huelgas, como por ejemplo el paro de profesores, que tiene por un mes a medio millón de estudiantes sin clases. En la anémica economía actual, las políticas del Gobierno a lo más conseguirán emparejar hacia abajo los ingresos, en lugar de igualarlos hacia arriba como se logra en una economía dinámica.

¿Acaso todo ello no sugiere que los planteamientos que generalmente -aunque no siempre- ha defendido la centroderecha adquieren hoy renovada actualidad? Es cierto que las encuestas también revelan el descrédito de los partidos opositores. Pero hay señales positivas en las iniciativas de renovación y de “repensar la centroderecha”, incluyendo la creación de un nuevo referente político. Los errores del contrincante, como se diría en fútbol, han dejado la pelota picando ante el arco. ¿Habrá un “Huaso” Isla que convierta?

Hay señales positivas en las iniciativas de renovación y de “repensar la centroderecha”.