13 de julio de 2015

J.A. Fontaine en Diario Financiero: “El ministro Valdés confirma que bajo este gobierno Chile perdió el rumbo del desarrollo”

JUAN ANDRES FONTAINE El actual momento económico es complejo. No cabe duda de ello: el viernes, los expertos consultados por el Banco Central redujeron a 2,3% la proyección de crecimiento para este año, mientras que para el próximo ejercicio la ubicaron en apenas 3%. A esto se le agrega un escenario de alta inflación -que volvió en junio a ubicarse por sobre el 4%- y expectativas de recuperación que continúan deteriorándose a futuro.

Todo aquello tiene preocupado a Juan Andrés Fontaine. El ex ministro de Economía y hoy consejero de Libertad y Desarrollo (LyD), valora el giro hacia el “realismo” que adoptó el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, en la línea de priorizar recursos y dar gradualidad a las reformas.

De todas maneras, cree que aquello aún es insuficiente para apuntalar las expectativas, advirtiendo la inexistencia de un plan para revertir la desaceleración y que el foco ahora debiera ser moderar algunos proyectos poco amigables con el crecimiento.

– ¿Qué evaluación tiene de la gestión de Valdés?
– El ministro ha hecho un esfuerzo encomiable por hacer girar el gobierno hacia una posición más realista. Yo no puedo sino celebrar el sinceramiento de las cifras fiscales y económicas que él ha protagonizado.
Ahora, al hacerlo, en mi opinión, el ministro ha confirmado que bajo este gobierno Chile ha perdido el rumbo, que se ha desviado de la ruta del desarrollo. Ha reconocido que algo salió mal en la estrategia original del gobierno.
Yo creo que esa estrategia original planteaba reformas pro distribución de ingreso bajo el supuesto de que nuestra trayectoria de crecimiento estaba asegurada, y aceptaba que esas reformas pudieran tener costos iniciales, pero suponía que esos costos eran superables con una fuerte inyección de gasto fiscal. Esa en esencia era la estrategia, la que en las palabras del ministro se ha revelado no ser la adecuada. Yo creo que el mensaje de Valdés es doble.

– ¿Doble en qué sentido?
– Primero, plantea que el crecimiento de mediano plazo de Chile -y, por ende, de los ingresos- será menor, por tanto no alcanzará la plata para las reformas previstas.
Segundo, su otro mensaje apunta a que el crecimiento de corto plazo será menor pese a la fuerte inyección de gasto público. O sea, que la receta fiscal no logra sino un crecimiento de 2,5% para este año, y con suerte…
Uno de los mensajes apunta a la coyuntura, con un mal crecimiento económico y una baja capacidad de la política fiscal para corregir ese problema; y el otro, a que el crecimiento de mediano plazo será más bajo y, en consecuencia, no van a estar los recursos que se suponía estarían.

– Si esa receta no funciona, ¿cuál sirve para salir de esta etapa?
– Yo celebro este giro a un mayor realismo, pero lo que echo de menos es una aclaración respecto a cuál es la salida. No veo un plan para recuperar el crecimiento, ni para corregir el déficit fiscal ni para frenar la inflación. Entonces, hay realismo respecto de la situación, pero es un realismo sin plan.

– ¿Es cuestión de tiempo para que ese realismo se traduzca en medidas concretas?
– Tengo mis dudas. Porque creo que el plan requiere identificar las causas del problema y, luego, prescribir el tratamiento. En relación a las causas, los planteamientos que ha hecho el gobierno no me convencen.
El gobierno, por ejemplo, sigue planteando que la causa principal del bajón de la economía -aparentemente tanto este año como a futuro- sería externa. Puede que tenga razón porque efectivamente el precio del cobre ha venido bajando y que tengamos un escenario más negativo desde esa perspectiva. Pero la pregunta es entonces: ¿qué hacemos? ¿Debemos ajustarnos a un precio del cobre de mediano plazo más bajo con las implicancias fiscales que eso tiene? No basta con identificar las causas externas, hay que encontrar el modo de adaptar la economía a esa situación y, en consecuencia, hacerle frente.

– Pero el ministro también ha apuntado a factores internos como los últimos escándalos políticos.
– Me parece que es una hipótesis válida, pero no hay suficientes observaciones como para poderla sostener. Me parece simplemente una conjetura.

– ¿Falta sincerar el impacto de las reformas en el crecimiento?
– Ahí el ministro ha planteado que toda reforma tendría costos iniciales y que habría que buscar una manera de moderar el avance, de darle gradualidad a algunos proyectos o hacer que las reformas nazcan de un mayor consenso para atenuar ese costo inicial. Yo no puedo sino compartir que todo lo que se haga en esa materia es positivo. Pero mi temor es que las reformas en su orientación son responsables de la desaceleración del crecimiento potencial. En consecuencia, no bastaría sólo con graduar su aplicación, sino que sería necesario reformularlas y, en algunos casos, simplemente descartarlas.
Lo que echo de menos también es una suerte de sinceramiento 2.0. Tuvimos un sinceramiento 1.0., que fue decir que la economía anda mal y el Fisco tiene menos plata. Pero el sinceramiento 2.0. es aclarar qué reformas están dañando el crecimiento potencial, algo importante para efectos del cálculo de las cuentas fiscales estructurales.

– ¿Qué tan realista es moderar las reformas dado el actual escenario político?
– Lo veo difícil, el gobierno -y los partidos que lo apoyan- insiste en que su propósito es cumplir el programa. Esa es como su meta.
En mi opinión, su propósito debería ser gobernar bien para Chile. Ello hace prioritario hoy al crecimiento más de lo que se veía cuando se diseñó el programa, cuando se suponía que la trayectoria de crecimiento estaba dada y que las condiciones internacionales eran mejores que las que se visualizan hoy a futuro.
En consecuencia, hay que introducir los ajustes necesarios en la acción del gobierno para priorizar el crecimiento, eso obliga a identificar qué reformas se pueden postergar o cancelar porque son dañinas para el crecimiento o demasiado caras desde el punto de vista fiscal.

 

“NO VEO UNA RECESIÓN, SALVO QUE LA ECONOMÍA MUNDIAL SE DETERIORE”

JUAN ANDRES FONTAINE LYD– Con el sinceramiento que ha hecho Valdés de la situación macro, ¿queda la sensación que el escenario es peor que lo que pensábamos?
– Estoy bastante en línea con lo que ha planteado el gobierno y el Banco Central. Es perfectamente conseguible crecer 2,5% este año y 3% el próximo. Es una cifra mala y que exije una recuperación en la segunda parte del año que aún está por verse.
No veo en general una recesión, salvo que la economía mundial se deteriore. Por lo mismo, miro con tanto resquemor lo que está pasando en China, que está atravesando por una crisis bursátil con ciertos síntomas de pánico. Esto me hace pensar que efectivamente detrás de este comportamiento habría una tendencia de la economía china a tener un bajón, lo que sería muy negativo para Chile a través del precio del cobre.
Dejando fuera ese escenario, veo a Chile creciendo al 2% -3% los años que vienen. No estamos con un riesgo importante de recesión, sino más bien nos hemos ido estacionando en una trayectoria de crecimiento lento.

– ¿Sólo un episodio más grave en China podría llevarnos a una recesión?
– Así es. Ahí están todas las opciones abiertas dependiendo de la gravedad del problema. Ese es el principal riesgo en el horizonte.

– ¿Se ve factible ese escenario de una crisis mayor?
– Obviamente. No es descartable que China tenga un traspié mayor.

 

“EL MINISTRO DEBE CONVENCERSE DE QUE CON MENOR CARGA TRIBUTARIA HABRÁ MÁS CRECIMIENTO”
– El ministro Valdés se ha abierto a eventuales cambios legales a la reforma tributaria. ¿No es asumir que el protocolo fue imperfecto?
– Lo que se pactó en el Senado permitió aprobar una reforma menos dañina que la que había planteado el gobierno. Mantuvo, eso sí, el impacto que significa elevar la recaudación tributaria en 3 puntos del PIB, haciendo descansar ese efecto, en gran parte, sobre las empresas, también sobre los hogares. Esa característica de la reforma no fue posible de rectificar en la negociación, con el pie forzado que impuso el gobierno en la negociación. En mi opinión, es ese efecto el que estamos viendo hoy en la economía: es absolutamente impensable que un impuestazo de esta naturaleza pudiera ser inofensivo para la economía y la inversión.
El nuevo sistema tiene una tasa alta de impuestos que llega a un 27%, más alta que el promedio de los países de la OCDE, que está en torno a 25%. Yo sigo pensando que esa tasa del 27% es alta y, en consecuencia, yo creo que a futuro van a tener que moderarla a 25% o algo menos.

– ¿No es todo esto asumir que el protocolo fue imperfecto?
– Se hizo lo que se pudo dado el pie forzado en la recaudación del 3% del PIB que impuso el gobierno, y también por el pie forzado de sacar la reforma tributaria a toda carrera. Eso, efectivamente, dejó ambigüedades y complejidades en el texto de la ley.

– ¿Qué cosa hubiera hecho distinta?
– Ante la comisión de Hacienda del Senado propuse una formula distinta: para efectos de cumplir con el objetivo recaudatorio, subir a 25% el impuesto de Primera Categoría y establecer un sistema de créditos nocionales contra el Global Complementario, en vez del crédito efectivo. Ese sistema nocional tiene la ventaja de que es mucho más simple de operar.

– Pero el ministro ha dicho que no se van a tocar ni las tasas ni la recaudación.
– El ministro debería convencerse de que si se logra un esquema tributario con algo menos de carga sobre las empresas y con menos complejidades, habrá más crecimiento económico y eso le redituará una mayor recaudación al Fisco de la que tendrá con el sistema que nace de la reforma.

– ¿Debería flexibilizar su postura?
– Espero que sea algo conversable a futuro. Me parece razonable que el ministro haya planteado que por ahora, lo primero es utilizar las circulares para aclarar y simplificar todo lo que sea posible por esa vía; y, en segundo lugar, abrirse a modificaciones aclaratorias y simplificadoras en la vía de la ley. Ese camino es el correcto, pero también creo que puede ser necesario ir más allá.

– ¿Hace mal el ministro en no abrirse a cambio en tasas?
– No sé si hace mal, yo por lo menos discrepo. La necesidad de reimpulsar el crecimiento de la economía y la inversión hace necesario revisar la carga tributaria que se depositó sobre las empresas, que es excesiva.

– ¿Es opción eliminar la renta atribuida?
– La renta atribuida no sirve como sistema porque es muy onerosa para todas las empresas que tienen capacidad de crecimiento y de creación de empleo. Y, en consecuencia, no debería ser utilizada voluntariamente por esas empresas. Podría cerrarse esa puerta para las empresas más complejas, como las que tienen socios, que a su vez son personas jurídicas o que tienen filiales, estructuras que son más complejas y que es donde la interacción de los dos sistemas podría provocar problemas se genera una mayor complejidad.