19 de julio de 2015

Economía huérfana

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JOSE RAMON VALENTE1La naturaleza  humana es muy predecible: los buenos resultados tienen múltiples padres y los malos son huérfanos. Durante el gobierno de Sebastián Piñera, cuando la economía chilena crecía por sobre el 5% al año, en la Concertación -incluido por cierto al ex ministro Velasco-aseguraban que dicho crecimiento era consecuencia de las políticas macroeconómicas expansivas aplicadas durante el 2009 para salir de la crisis financiera mundial.

Cuando los datos empezaron a empeorar hacia finales del 2013 y algunos analistas sugerimos que el programa de reformas presentado por la Nueva Mayoría  podía ser en parte responsable de la abrupta caída en la inversión y posterior reducción del crecimiento, se dijo que eso era terrorismo económico y que lo que estábamos observando era exclusivamente el resultado de eventos que provenían desde fuera de Chile, y que además eran transitorios.

Ahora que está meridianamente claro que el programa de reformas del actual gobierno es responsable de una parte significativa del estancamiento económico en que está sumida nuestra economía -cosa que ha reconocido hasta nuestro flemático Banco Central-, el responsable exclusivo de esta verdadera debacle económica sería la dupla Arenas-Peñailillo, lo cual resulta particularmente conveniente tomando en cuenta que ninguno de ellos forma actualmente parte del gobierno. De esta manera, la orfandad de los magros resultados económicos es total.

Los chilenos hemos vivido echándole la culpa al árbitro, a la mala suerte, a la profesora y al jefe que nos tiene bronca, para justificar nuestros malos resultados deportivos, académicos o profesionales. Si fuésemos consistentes con esa mentalidad, deberíamos decir que el extraordinario triunfo de La Roja en la Copa América fue también fruto del azar. Pero bien sabemos que no fue así. Esta es una generación de muy buenos y aguerridos futbolistas que obtuvieron dicho resultado a punta de talento y esfuerzo.

La verdad es que dejando de lado situaciones puntuales, en la vida a los que fuman les da cáncer, los que comen mucho engordan, los que no estudian se sacan malas notas, los flojos no llegan a ser jefes y las malas políticas económicas abortan el delicado engranaje de incentivos que permiten el crecimiento y el progreso económico.

Mientras sigamos echándole la culpa al empedrado por los malos resultados y peores perspectivas que muestra nuestra economía, difícilmente vamos a poder cambiar su trayectoria. Los problemas de nuestra economía no se solucionan comunicando mejor las reformas y tampoco echándole la culpa al ex ministro Arenas. La economía va a mejorar cuando reconozcamos una verdad que se cae de madura: la reforma tributaria, la reforma laboral, el anuncio de una nueva Constitución y la errada pretensión de que el Estado debe y puede reemplazar al sector privado como motor de la economía son los verdaderos responsables de nuestra debacle económica.

Se dice que sin crecimiento no podrá haber reformas, pero lo cierto es que con estas reformas no habrá crecimiento.

 

Columna de José Ramón Valente, Consejero de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo, publicada en Voces de La Tercera.-