11 de abril de 2014

IMPUESTOS Y DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO

A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE LUIS FELIPE LAGOS, MACROECONOMISTA SENIOR, PUBLICADA EN LA TERCERA.

Uno de los argumentos para justificar la reforma tributaria que eleva la carga tributaria que ha dado el gobierno es transitar hacia una mayor equidad, afirmando que los que pagan más deben contribuir con más. Usar el sistema tributario para distribuir ingreso puede terminar siendo un espejismo: con resultados favorables de corto plazo, pero sin fortalecer las bases para un verdadero camino hacia mejores oportunidades y avance en la distribución del ingreso en el largo plazo.

Si bien la escala del impuesto al ingreso es progresiva, se postula como una limitante de nuestro sistema tributario el hecho que la distribución del ingreso antes y después de impuestos sean similares a diferencia de lo que ocurre en los países de la OCDE. La explicación de este aparente puzle es que composición de los impuestos es muy distinta al promedio de los países de la OCDE. En estos países, dados sus altos ingresos medios, una mayor proporción de la recaudación  proviene del impuesto personal. En efecto, las personas contribuyen con un 8,7% del PIB en impuestos y las empresas pagan un 3,2%. En Chile, en cambio, al ser menores los ingresos medios, el 80% de los trabajadores se encuentra en el tramo exento del impuesto al ingreso. La contribución al impuesto de las personas es 1,3% del Pib y de las empresas 5%. En términos del capital y trabajo, un 80% del impuesto al ingreso recae en el capital y sólo 20% al trabajo.

La contribución a una distribución del ingreso menos desigual de la política pública debe juzgarse tanto por el gasto de gobierno como por los impuestos. Probablemente es más importante lo primero, ya que es el gasto el que afecta directamente la calidad de vida de la población. Al considerar las transferencias de gobierno, tanto monetarias como en bienes: salud, educación y vivienda que hace el gasto social, la mejora en la distribución del ingreso es sustancial. En efecto, el coeficiente de Gini cae de 0,52 a 0,45 y si se considera la metodología de la OCDE desciende a 0,42 (Troncoso, 2013). Esto no es fácil de lograr, exige un esfuerzo de focalización de las políticas sociales y no puede tomarse como dado. De hecho, según la Cepal, Chile es el país que mejor focaliza su gasto social y varios países de América Latina tienen una focalización regresiva: gastan más en el quintil más rico.

Sin embargo, para modificar la distribución del ingreso, se toma un atajo: la reforma tributaria propone cambiar la base de los ingresos, incluyendo las utilidades reinvertidas (ahorro de las empresas) como parte de los ingresos de las personas, aún cuando no hayan sido percibidos. Esto, por cuanto se sustituye la base de tributación de los dueños de las empresas desde retiros a una devengada.

Este cambio en la estructura tributaria puede generar efectos de corto plazo en la distribución del ingreso, pero en la medida que perjudica las posibilidades de crecimiento, al reducir el ahorro e inversión, se limitan las posibilidades de empleo y mejora permanente en la igualdad.

Los mayores recursos que se transfieran al Estado para ser invertidos en incrementar la calidad de la educación, manteniendo la focalización adecuada, debieran generar el mínimo de distorsión en la economía. En esta línea, una reforma tributaria eficiente debería transitar hacia una tributación al gasto, favoreciendo la acumulación de capital humano y físico, la innovación y productividad, para potenciar el empleo y crecimiento de tendencia de la economía.

Una tributación al gasto también permitiría avanzar en equidad, al asegurar que todas las personas (trabajadores y dueños del capital) paguen sobre la misma base y a la vez se cumpliría con la progresividad ya que el que gasta más termina pagando más. Adicionalmente, permitiría un incremento en la recaudación dado que la actual base tiene muchos ingresos no imponibles.

Destruir un sistema tributario que ha sido muy eficiente en generar ahorro para financiar inversión con el objetivo de mejorar estadísticamente la distribución del ingreso es un grueso error. Por cierto, deberíamos analizar y corregir todos los posibles malos usos que se la da a este esquema.