9 de junio de 2011

DIRECTOR EJECUTIVO DE LYD PRESENTA LIBRO “CHILE: ¿MÁS EQUITATIVO?”

A continuación reproducimos la presentación realizada por Luis Larraín, Director Ejecutivo de LyD, del libro “Chile: ¿Más Equitativo?”, escrito por Claudio Sapelli, profesor del Instituto de Economía de la Universidad Católica.

El libro “Chile: ¿Más Equitativo?” de  Claudio Sapelli, que presentamos hoy, hace un importantísimo aporte al conocimiento acerca de la pobreza, la movilidad social y la distribución del ingreso en nuestro país.

La tesis central de Sapelli es que no son ciertas las malas noticias que nos suelen presentar el problema de la desigualdad de ingresos en Chile como un fenómeno casi secular que no ha mostrado progresos en el último tiempo. Desmiente también, con sólida evidencia empírica, el aserto tan difundido por algunos de que nuestra sociedad tendría características tales que harían muy difícil la movilidad social, condenando a los menos favorecidos a una desventaja irremontable frente a quienes tienen mayores oportunidades, contactos y redes.

Pero lo más importante del libro de Sapelli no es lo anterior, sino las relevantes implicancias desde el punto de vista de las políticas públicas que tienen sus conclusiones. Como veremos al final, el autor nos conduce con certeza y solidez hacia recomendaciones acerca de hacia dónde debe el país dirigir sus esfuerzos para combatir la pobreza y la desigualdad.

El aporte metodológico del libro es presentar un análisis dinámico de la distribución del ingreso en Chile, que nos permite mirar este fenómeno no desde el pasado o el presente, a lo que estamos condenados si solamente consideramos la evolución del coeficiente de Gini de toda la población, sino hacia el futuro. Esto es posible a partir del análisis cuidadoso y metódico de los datos de distribución del ingreso por cohortes.

En efecto, el autor se pregunta cómo es posible que nuestro país tenga indicadores de desigualdad tan malos si las cohortes más jóvenes (entre 25 y 34 años por ejemplo) tiene un porcentaje más alto de educación secundaria 85%) que el promedio de países de la OCDE (80%). Al hacer este mismo cálculo considerando a toda la población, Chile con un 68% está por debajo del promedio de la OCDE que alcanza al 71%.

Al examinar la desigualdad de ingresos por cohortes, Claudio se da cuenta que ésta empeora en la medida que la cohorte envejece. Distingue entonces un efecto edad, un efecto año y finalmente un efecto cohorte, para aislar el impacto de otras variables, como el ciclo económico por ejemplo.

Y así nos vamos enterando que las políticas públicas que se ponen en práctica para mejorar la distribución del ingreso y la situación de los más desposeídos impactan de manera distinta a las diferentes cohortes. Podemos ver así que una tendencia de aumento en la calidad de la educación provoca inicialmente un aumento de la desigualdad. Sapelli encuentra evidencia de que hay un aumento sistemático de la desigualdad para las cohortes de los nacidos entre 1929 y 1959, proceso que se revierte en las cohortes de los nacidos entre 1959 y 1979 en que la desigualdad disminuye.

Durante el siglo XX en nuestro país se observa un incremento en el promedio de educación en cada cohorte y una caída en la dispersión, que finalmente se traduce en una caída en la desigualdad. Hilando más fino, el autor descubre que hay alta dispersión en los retornos de distintos tipos de educación. El retorno de la educación superior llega a ser 7 veces el de la educación media en los años 50, lo que provoca el aumento de la desigualdad del que dábamos cuenta antes. En la medida que aumenta la oferta de educación superior, empieza a disminuir ese retorno.

Ahora bien,  los retornos distintos ayudan a explicar los aumentos de desigualdad, pero no necesariamente sus caídas, de modo que el autor debe dirigir su mirada a otros factores y descubre que la experiencia laboral es una variable relevante, al constatar que en el año 1990 aumenta el costo del despido en Chile de 5 a 11 meses de remuneración.

Movilidad

El autor nos dice que para lograr movilidad intergeneracional en la educación se requiere crecimiento de la economía. El autor comprueba que la movilidad en Chile hoy día es alta y que ello no fue siempre así, ya que a comienzos del siglo XX era bastante baja. Lo que es cierto, no obstante, es que este progreso se ha estancado, ya que el ritmo entre los años 1930 y 1958 cayó notoriamente  para los períodos entre 1958 y 1979. La explicación que encuentra el autor es que ello se produjo cuando los hijos de padres que tenían educación media completa requirieron acceder a la educación superior.

Allí el problema de acceso se hizo crítico y Claudio descubre que no fue la falta de dinero de los padres cuando los hijos tenían 18 años, edad para entrar a la universidad, lo que provocó el problema; sino la caída en los ingresos de los padres menos educados al momento de nacer sus hijos lo que lo explica. Esto, porque muchos de esos muchachos no tuvieron el capital humano suficiente para después acceder a la educación superior.

También contribuyó a la pérdida de dinamismo el que la oferta de educación superior estuviera estancada entre 1975 y fines de los ochenta.

Al volver sobre el análisis anterior, podemos darnos cuenta de la riqueza que puede introducirse al análisis cuando incorporamos la desigualdad por cohortes de edad.

Pero ello nos permite también, en el caso que analizábamos, ser bastante optimistas acerca de la evolución futura de la desigualdad en Chile. Esto  porque hoy nos encontramos con que los ingresos al nacer los niños han aumentado sustancialmente desde mediados de los ochenta en adelante y también lo ha hecho la oferta de educación superior, con una matrícula más de tres veces mayor que la que había en 1990.

Movilidad Social

Otro aporte importante del libro de Sapelli es el análisis de la movilidad social a lo largo de la vida o intrageneracional. Utilizando datos de la encuesta panel de CASEN 1996-2001-2006, se constata que la movilidad social en Chile es alta, mayor que en Francia, los Estados Unidos y Alemania. Se ha tratado de estigmatizar esto, apuntando al hecho que tendríamos mucha vulnerabilidad. Una segunda crítica alude a la poca movilidad en los deciles 1 y 10. Lo último, como lo ha señalado el autor, no es muy difícil de explicar: la movilidad del decil1 es sólo hacia arriba y la del 10 sólo hacia abajo, por definición, lo que obviamente no ocurre en los demás deciles en que la movilidad es bidireccional.

Y en cuanto a la vulnerabilidad, ¿no se hacían críticas acaso a esta sociedad tan estratificada, en que no había oportunidades ni movilidad social? ¿No era que la segmentada sociedad chilena no daba oportunidad al mérito, sino sólo a los contactos y redes? Las cifras lo desmienten y ello no es malo. Parece evidente que desde el punto de vista de la justicia es peor la desigualdad sin movilidad social que la desigualdad con movilidad social.

Futuro, Pobreza y Políticas Públicas

El autor, con sólida evidencia, demuestra que no es cierto que estemos en el peor de los mundos: alta desigualdad y baja movilidad social. La desigualdad disminuye en forma sistemática en las cohortes más jóvenes. La movilidad sin embargo, ha experimentado cierto estancamiento en el último tiempo. La buena noticia es que hay dos tendencias que han cambiado en las cohortes nacidas en los ochenta. Hay un aumento en la matrícula de educación superior y un aumento en los ingresos de las familias al nacer esos niños.

En efecto entre los años 20 y los 50 aumentó la desigualdad por las diferencias en los retornos de distintos tipos de educación, entre 1959 y 1978 disminuyó la desigualdad, por la mayor nivelación en los accesos a la educación. En el futuro, puede preverse que los niveles de educación en promedio aumentarán menos y por lo tanto tendremos menor desigualdad.

Al examinar los datos de la CASEN 2009, que da cuenta de un aumento de la pobreza respecto al año 2006, el autor, realizando el análisis por cohortes, confirma que la tendencia de disminución de la desigualdad no se interrumpió.

En relación a la desigualdad entonces, el que el coeficiente de Gini esté en nuestro país en un valor de 0,52, con muy poco progreso en 20 años, no indica que no haya una tendencia positiva. Esto se explica básicamente porque el envejecimiento de la población hace que la ponderación de esas cohortes más jóvenes con menos desigualdad disminuya, anulando así el otro efecto en el cálculo del coeficiente para toda la sociedad. Como la tendencia a una menor desigualdad en las cohortes más jóvenes es robusta, no obstante, ello finalmente se traducirá en menos desigualdad en el futuro.

Pobreza por cohortes

Al mirar los datos de pobreza, se constata que en algunas cohortes la pobreza disminuye más rápido. Aquí, señala el autor, hay campo para futuras investigaciones. Lo que sí está claro, es que la pobreza disminuye a medida que aumenta la edad. Una alerta para nuestras políticas públicas que están privilegiando sistemáticamente a esos grupos en el último tiempo.

Lo otro es que pese a que la pobreza puede no crecer, sí puede aumentar la probabilidad de que una persona sea pobre a lo largo de su vida. Eso no es necesariamente malo, sino el reverso de la deseable movilidad social. Desde ese punto de vista, el autor nos habla de la democratización de la pobreza. Pero el dato más relevante que sale del examen de la probabilidad de caer en la pobreza en distintos momentos de la vida es el que nos dice que en Chile la etapa en que es más probable ser pobre es durante la infancia. Esto tendrá decisiva importancia en las recomendaciones de políticas públicas que hace luego Claudio Sapelli.

Políticas Públicas.

A la hora de examinar las implicancias desde el punto de vista de las políticas públicas de la investigación presentada en este libro, surge por una parte la centralidad de la Educación como vehículo de movilidad social. En ese campo, aparece como fundamental que continúe el incremento de la oferta educativa en educación terciaria, algo que no parecen tener en cuenta quienes están pensando en restringir, en aras de una supuesta mayor calidad, el acceso a la educación universitaria. Dónde sí aparece como fundamental una disminución en las diferencias de calidad de la educación es en la básica y media y la subvención preferencial parece ser un buen instrumento para ello.

Luego de la profunda inmersión que ha hecho Claudio en los datos acerca de la desigualdad, se atreve a formular la que a su juicio es la gran prioridad para lograr avanzar en este tema: el desarrollo de habilidades en la infancia temprana. Y sus recomendaciones apuntan a que mientras más temprano se hagan esas intervenciones es mejor; a que el énfasis debe estar en el desarrollo de habilidades no cognitivas, por su efecto multiplicador; también a una focalización del financiamiento público en los más pobres, sin perjuicio de aceptar programas universales autofinanciados por los sectores de mayores ingresos; y por último, a la importancia de tener ejecución de programas por parte de entidades no gubernamentales, para aprender de la diversidad y aprovechar el dinamismo de quienes trabajan voluntariamente  en beneficio de los chilenos más desvalidos.

Estamos pues ante una maciza contribución de Claudio Sapelli al mejor conocimiento del fenómeno de la desigualdad en Chile, que rompe varios mitos, pero que, por sobre todo, ilumina a los encargados de la políticas públicas acerca de los programas de mayor impacto positivo en la superación de la pobreza y la desigualdad. Sólo queda dar las gracias a Claudio por dirigir tus talentos a tan noble tarea.